Cuba. Socialismo y Migración

El derecho a migrar

Democracia o Capitalismo constituye la antinomia que define el carácter político de la formación socialista. Revolución Socialista y Democracia han dejar de reñirse. Es El cultivo de un verdadero sentido de pertenencia política de la sociedad cubana en su identificación cultural con el socialismo, en tanto proyecto de emancipación del ser social y sistema de valores humanistas afín se da en la democracia.

La ortodoxia ideológica con la que el poder político del Estado ejerce el dominio sobre la sociedad ignora que el socialismo no se hará con un pueblo que no tenga la opción de no hacer el socialismo. Ha de preguntarse con verticalidad revolucionaria sobre el sentido de la soberanía tutelada en la “nueva política migratoria”.

La construcción del socialismo en tanto formación socioeconómica por antonomasia democrática, no se hará con todos, se hace con las mayorías que por el mismo optan. Aquellos que tras sus proyectos de vida socioeconómicos y sus sueños existenciales, no convencidos de las bondades humanistas y las perspectivas de desarrollo del proyecto socialista, optan por vivir en el sistema y las sociedades capitalistas a las que migran, tienen el derecho natural y constitucional a la libre salida, entrada y asentamiento en Cuba que le da el atributo democrático de ciudadanía cubana. Y ello ha de entenderse como una divisa política socialista.

La soberanía geo-social de la nación juega a favor del sentido de pertenencia de aquellos pueblos, cuyas necesidades de emancipación, realización común e individual encuentran los espacios para su edificación. Reconocer el derecho de libre movimiento a los cubanos, tanto dentro (migración interna) como fuera del territorio nacional (migración externa), constituye una condición inapelable de la democracia que ha de distinguir el orden socialista.

No es verificable por la realidad lo expuesto por Granma en su editorial “Por la voluntad común de la Nación Cubana” (16.10.2012)[1] en cuanto a que: “La política migratoria de Cuba, a lo largo de todos estos años de Revolución, se ha basado en el reconocimiento del derecho de los ciudadanos a viajar, a emigrar o residir en el extranjero”. La verdad obliga. El cubano nunca tuvo derecho al pasaporte como atributo de ciudadanía, el pasaporte ha sido propiedad del Estado (se entregaba al regreso de cualquier viaje al exterior), obtenerlo constituía una suerte de dádiva, por lo tanto viajar al exterior requería permiso del Estado. Migrar constituía una ruptura con el país y así lo concebía la ley de migración. Residir en el extranjero constituía no poder residir en Cuba.

Es así que la reforma migratoria que se sanciona con el El Decreto-Ley no. 302 mantiene el concepto de “emigrado” en su letra y espíritu. Baste la estipulación en ella de la necesidad de “repatriación” para entenderlo. Seguir reduciendo el derecho de autodeterminación y la libertad de movimiento que de ello emana al concepto de emigración, manifiesta la prevalencia de la doctrina de poder que consagra el dominio del Estado sobre la sociedad. El concepto de “emigración” no nace con el socialismo, es una categoría sociopolítica propia de las sociedades que le preceden históricamente. La naturaleza antidemocrática de dicha doctrina aleja y desarraiga en la sociedad la identificación y las convicciones por el socialismo.

El debate revolucionario se ausenta. Se han vertido ríos de tinta tras el citado editorial, destacando las “circunstancias históricas” que obligaron (y obligan) al Poder Político a establecer la política de “encierro” geo-político a los cubanos, con la cual se convirtió el país durante decenios, hasta hoy, en un bastión atrincherado contra el sitio del imperialismo yanqui. No es revolucionario, tal como la práctica política lo evidencia, hacerle el juego a la política imperialista de acoso y aislamiento. En el análisis de la cuestión migratoria quedará la pregunta sobre las llamadas crisis migratorias de Camarioca en 1965, Mariel en 1980, la llamada “crisis de los balseros” de 1994, ¿hubiesen tenido lugar si el Estado cubano hubiera asumido de manera soberana en su institucionalidad el principio democrático de la libertad de entrada y salida de Cuba de los cubanos, y a ello hubiere condicionado la razón de Estado?.

Entiéndase. Las acciones de subversión y desestabilización del orden interior cubano llevadas a cabo por los EEUU utilizando el “factor migratorio”, explotan las  restricciones del estado cubano al libre movimiento y migración de sus ciudadanos. Se le imponía al cubano “constructor de la revolución” el estatus de ciudadano de segunda categoría ante los “ojos del mundo”, reprimido por el “régimen socialista” en su derecho político a la autodeterminación. Reaccionar a las agresiones y el asegio nortemaericano conra Cuba con la limitación de la soberanía ciudadana a entrar y salir libremente del país, es aprovechada por losmismos EEUU para armas las campañas de violaciones de los derechos humanos en Cuba. Bah, por el socialismo!. Si algo demuestra el éxodo del Mariel es precisamente el rejuego imperialista contra Cuba. Abiertas “las puertas” de la Isla, la cuestión pasó a ser inmediatamente, cual bumerang político, un problema para los EEUU. La política subversiva imperialista de “pies secos y pies mojados” junto al chantaje político de no cumplir los acuerdos migratorios con Cuba quedaron al desnudo. Ese no es un desnudo solamente de los EEUU. Todo el mundo capitalista mantiene restricciones inmigratorias severas, ante todo contra la migración de fuerza de trabajo desvalorizada para el capital. La democracia selectiva capitalista no cree en lágrimas.

En América Latina se mantiene un movimiento migratorio intenso. “El corredor de migrantes más grande del mundo, según datos de 2017, es el que se extiende entre México y Estados Unidos, con ca. 13 millones”[2]. Cuba tiene, según publica la ONU, 1.654.684 emigrantes (2017). En el ranking de migrantes tiene un porcentaje de migrantes medio, ya que está en el puesto 140 de los 195 del ranking de migrantes. En el mundo hay 164 millones de trabajadores migrantes. No son migraciones signadas por el entendimiento democrático entre naciones solidarias. En realidad responden a una lucha geo-económica entre estados capitalistas más y menos avanzados económicamente.

La migración cubana, de matriz motora económica, lleva la ventaja competitiva, a diferencia de las mayorías que migran desde otros países latinoamericanos, de la formación educacional y profesional adquirida por los cubanos en Cuba. La migración de países del entorno latinoamericano habla de ello. Son países de medianos, bajos y muy bajos niveles de desarrollo económico, social y cultural, con grandes desigualdades sociales y económicas (la región más desigual del mundo, con países como Chile, México, Brasil, Colombia y Argentina a la cabeza, según el BM), casi todos en convulsiones sociales por los regímenes antidemocráticos que gobiernan. En estos países los cubanos, mejor preparados en Cuba, pueden entrar a nichos económicos relativamente privilegiados. Los flujos migratorios cubanos se establecen fundamentalmente hacia países del Hemisferio Norte. A diferencia de los EEUU (mayor polo de atracción de migrantes cubanos), donde la masa de cubanos asentados no pasa de “clase media” baja y pobre (de bajos y muy bajos ingresos), según los códigos de la sociedad burguesa; en Canadá y Europa algunos logran mejores inserciones. Ello refleja el logro del sistema de educación universal democrático que ha desarrollado la Revolución, y al mismo tiempo, el desaprovechamiento de ese conocimiento en el desarrollo del país[3].

Sin embargo, el espíritu democrático y la institucionalidad del estado de derecho en Cuba han sido supeditados a la política de acorazamiento en trincheras de piedras contra las agresiones. El recrudecido periodo de ataques militares directos y la subversión violenta de los EEUU contra Cuba, en alianza con un sector de migrantes declarados enemigos políticos de Cuba, persigue precisamente el objetivo de mantener a los cubanos y el país en estado de sitio. No resiste la crítica revolucionaria el haber convertido en normatividad política lo circunstancial con respecto a la cuestión de la migración.

El desafío para Cuba sigue siendo uno. Desentiérrense los retoños de las malas yerbas y no renacerán las patologías políticas que han hecho imposible el modelo socioeconómico para los cubanos, como asegurara el propio Líder de la Revolución. Pregúntese, si no, ¿qué ha cambiado hoy de la hostilidad de los EEUU contra Cuba, que el Estado cubano decide otorgarle con un nuevo Decreto, (aún no excento de condiciones voluntaristas), el derecho del ciudadano cubano al pasaporte corriente? Según recién declara en la ONU el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, incluso el bloqueo estadounidense se ha intensificado y la actividad subversiva yanqui contra el sistema cubano toma ribetes de guerra cuasi abierta, financiera y políticamente.  

Sin embargo, lo que no reconoce el editorial del Granma es lo que en realidad sí ha cambiado: el pueblo entiende como no democráticas las estrategias de “encierros taurinos”, en lo social, lo económico y lo político. Lo que ha cambiado hoy es que el Líder es quien reconoce, que el modelo ya no le sirve ni a los cubanos. Lo que ha cambiado ha sido la multiplicación de voces ciudadanas críticas, de voces revolucionarias, de voces socialistas exigiendo la revisión de la “política migratoria”, el derecho a salir y entrar al país sin desmedro de la identificación cultural al que sólo los estados antidemocráticos obligan a sus naturales.

Llama la atención, así, que el Poder Político pierda por voluntad propia la ocasión para hacer una crítica revolucionaria a las políticas que han resquebrajado la cohesión de la sociedad cubana, como pueblo y nación. Se pone de manifiesto de esa misma manera que los presupuestos de gobernabilidad del Estado no se nutren del imperativo de la democracia protagónica, propia del socialismo.

La “reforma migratoria” que se presenta al pueblo con el Decreto-ley no. 302 así lo confirma. En ella se expone el contenido político antidemocrático que se le atribuye a la categoría de “emigrado“. La propia convocatoria del Estado bajo el nombre de “Nación y Emigración” es un reflejo de ello. En la doctrina del poder del Estado, la categoría emigrado señala al ciudadano que abandona Cuba.  El Parlamento cubano no ha sido convocado para debatir y legislar en nombre del pueblo una ley democrática que enmarque la necesidad migratoria en la sociedad cubana como un derecho humano. Más aún, ¿porqué no se sometió  a referendo popular, en nombre de la democracia directa protagónica, el proyecto de Decreto?

Una nueva ley “migratoria” de estirpe democrática en su preámbulo habría de reconocer sin ambages el derecho inalienable de los cubanos a salir, entrar y reasentarse libremente en su país. El reto político en asumir la transformación revolucionaria que se necesita está en la idea-fuerza de la antinomia “Democracia o Capitalismo“[4].

……………………..

[1] http://www.cubadebate.cu/especiales/2012/10/16/editorial-por-la-voluntad-comun-de-la-nacion-cubana/

[2,3] https://www.infobae.com/america/america-latina/2019/04/26/adonde-emigran-los-cubanos-un-mapa-revela-destinos-y-cifras/

[4] RCA, “Cuba. La Democracia es el Camino”, https://robertocobasavivar.wordpress.com/2018/04/13/4301/

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