La televisión pública española abre sus cámaras a un debate sobre Cuba[1]. Lo hace en medio de la campaña contra Cuba que lleva junto al resto de los medios españoles -radio televisivos y prensa plana privados. Ha invitado al intelectual cubano residente en Cuba Enrique Ubieta. Tres políticos españoles comprometidos con el orden sociopolítico y económico capitalista español -IU, PP y PSOE- vienen a exponer argumentos en contra y a favor de Cuba. Se presentan en el panel dos artistas españoles, la una que ha firmado la declaración “Yo acuso a Cuba” y otro, el actor G.Toledo, desembarazado y crítico del orden capitalista español, objeto de linchamiento político por el estamento político-cultural de España dada su posición de solidaridad con Cuba. Completan el cuadro dos cubanos residentes en España, enemigos ideológicos declarados de la Revolución cubana.

¿Por cuáles razones es la TVE y no la Televisión Cubana la que abre sus cámaras a un debate de posicionamientos político-ideológicos sobre Cuba?. Puesto que tratándose de Cuba está muy lejos de ser el tema de “los derechos humanos” la cuestión que perturba. No es expresión de cultura política e intelectual tomar por su nombre la cosa en sí.

La razón es sencilla: la dirección política de Cuba no arriesgaría  debates ideológicos públicos en la TV sobre el entendido orden socialista cubano. Es decir, debate de ideas, como formación de la cultura de la participación política y la toma de partido.  Debates en los  que, además, por derecho ciudadano participasen seguidores mayoritarios de la Revolución y opositores minoritarios a ella, según se asumen oficialmente las proporciones. No lo arriesga por una falsedad ideológica: la dirección política de Cuba, encarnada en el llamado Partido Comunista, como el aldeano vanidoso caracterizado por el Apóstol de la independencia política y del pensamiento nacional, José Martí, da por adecuado el orden socioeconómico y político cubano. Y al darlo por adecuado acepta sólo la crítica que reafirme su convencimiento, no aquella que cuestione los fundamentos conceptuales y estructurales de dicho orden, sea la crítica revolucionaria o la contrarrevolucionaria. Acepta, por lo tanto, toda crítica que legitime el dogma político sobre la idea asumida. Situándose en las antípodas del pensamiento político socialista, el Partido cubano -como lo hizo toda la constelación de partidos en el poder de los llamados “socialismos reales” hasta el día de sus estrepitosas implosiones- niega toda idea de democracia socialista. La negación no es subjetiva. Emana del propio ordenamiento socioeconómico y político asumido e impuesto a la sociedad -así como se impuso en todos los países del llamado socialismo real- de manera incontestable.

En consecuencia, al Partido cubano igualmente como a la dirección política de la TVE pública española no le interesa un debate público sobre los fundamentos del socialismo en Cuba.

Por lo tanto, la TVE abre sus espacios a un debate sobre Cuba para demostrar con ello que la democracia está de parte del orden social capitalista y del español en especial. La democracia ama a España, así como Dios a los EEUU. El hecho del debate en sí mismo va a legitimar la campaña política de España contra Cuba. La representación democrática se monta en pos de demostrar que el orden capitalista español no tiene nada que temer a la controversia política que roce las razones del estado burgués. La TVE tiene razón, no tiene nada que temer. El orden socioeconómico y político capitalista español está blindado por los intereses de clase en el poder.

Los medios cubanos no pueden exhibir esa seguridad que asiste a los medios públicos y privados españoles sobre su orden capitalista. Es un hecho, no es una especulación. El orden socioeconómico y político cubano no llega a blindar los intereses de clase en el poder. Esa contradicción de fondo no es entendible por el Partido único gobernante de Cuba. No puede entenderse puesto que el debate democrático, público, sobre los problemas conceptuales y estructurales del socialismo en Cuba está prohibido por la dirección del Partido Comunista de Cuba.

Ningún partido político capitalista ni el gobierno español prohíben el debate sobre el orden capitalista español. Todo lo contrario. Los medios llegan a ser hervideros de discusión sobre cómo hacer flotar en tiempos de crisis y expandir en mejores tiempos el sistema socioeconómico capitalista. La economía de mercado permanece bajo constante rigor analítico. En ello le va la vida al sistema político capitalista. Los medios cumplen, paralelamente,  la función de apuntalar el sistema de valores culturales sobre el que se afinca la economía de mercado. Por cuanto la cohesión sociopolítica se construye alrededor del materialismo de la existencia, no sobre la reproducción cultural de la materialidad de la vida. No se trabaja para vivir, sino se vive para trabajar. Es así a nivel de la masa asalariada. La exigua clase propietaria usufructuaria del poder del estado se reproduce, por causa de su apoderamiento, de manera contraria. Trabaja para vivir. Esa es la dimensión terrenal del antagonismo entre capital (en manos de las clases propietarias) y trabajo (fruto de la mano de obra).

La TVE pública y el resto de los medios radio televisivos y de prensa no son, obviamente, medios de comunicación democráticos. No pueden serlo porque no lo es el sistema sociopolítico.

Veamos la falacia de todo el montaje de la televisión pública capitalista española organizando el debate sobre Cuba. Las voces del narcisismo capitalista, representadas por el PP, la artista española del “yo acuso” y los dos opositores ideológicos cubanos presentes -como en la prostituida figura jurídica burguesa del “testigo de excepción”-, tienen una carta supuestamente demoledora contra Cuba. He ahí que  un debate como ese de la TVE jamás podría darse en la TV cubana -arguyen.

La razón se expone como consabido sofisma. Al Partido cubano no le interesa el debate público en los medios cubanos sobre los fundamentos del socialismo en Cuba, de la misma manera que a la dirección política de la TVE pública española y a los medios privados no les interesa el debate crítico público sobre los fundamentos del capitalismo y del modelo español especialmente. No puede interesarles abrir espacios de concienciación política de la sociedad.

En España existe un fuerte movimiento sociopolítico anticapitalista, cuyas poderosas razones y manifestaciones son eficazmente invisibilizadas y combatidas por los medios hegemónicos. En el País Vasco el proyecto político de la izquierda abertzale aboga por el socialismo. A dicha opción política -contrariamente a lo que se intenta esconder tras la guerra contra el terrorismo- se le cierra desde el Estado español la vía democrática de hacer valer sus derechos. A nivel nacional la antidemocrática ley electoral impide el acceso a la escena política institucional de grupos políticos pro-socialistas. De todos es conocido que el esquema multipartidista, como en los EEUU, expresa las dos caras de una misma ideología derechista en la alternancia del poder: el PSOE y el PP. La socialdemocracia y el nacional catolicismo. La formación que completa ese staff, IU, se sitúa en el espectro de la llamada centro derecha, esa posición siempre cómoda con que la derecha en pos de su legitimación política -vaya contradicción propia- se apropia de una susodicha sensibilidad de izquierda. El arte del travestismo político institucionalizado por relaciones socioeconómicas que no permiten las alternativas al expolio.

Esas son las circunstancias que impiden que la TVE -no ya los medios privados, representantes directos del capital- abra sus puertas democráticamente a las fuerzas políticas alternativas españolas para el debate público sobre el orden burgués del estado y la sociedad española. El debate sobre la restauración de la República abatida por la derecha con el golpe de estado del General Franco (1931) está en España de facto prohibido.

La representación democrática montada sobre el debate acerca de Cuba constituye una impostura burda de la TVE, a la que contribuye el Sr. Enrique Ubieta en defensa de la Revolución cubana. Pero pongamos las cosas siempre en su lugar y dejemos las envolturas de los problemas a un lado.

Cuba es invitada a la TVE para que se defienda ante la presunción de culpabilidad. Cuba es culpable por definición, no por los problemas que generan sus contradicciones internas. Elegir el camino de un orden sociopolítico y económico alternativo al capitalismo es un pecado. El veredicto emana del orden burgués políticamente correcto. Cuba ha de demostrar humildemente su presunción de inocencia. Y tanto el Sr. Ubieta como las voces solidarias presentes en el debate-extranjero sobre Cuba han de asumir el papel de abogados-defensores de la Revolución cubana. La voz del actor  G.Toledo ha intentado poner sobre la mesa de debate la discusión sobre el orden capitalista español. Cuestión que han rehuido los representantes de los partidos de esa anomia conocida como “izquierda amplia”: IU y el PSOE. No pueden debatir en contra de sus propios intereses de clase. De la misma manera que no lo pueden hacer los representantes del PP y de la elite cultural afín que acusa a Cuba.

¿Y Cuba?. Cuba no ha ido al panel de debate de la TVE a discutir críticamente sobre los problemas del socialismo en Cuba. Y esa posición anti-revolucionaria sella toda la evidente debilidad política de los defensores de la Revolución cubana, y de los allí presentes en particular. La voz cubana -representada por el intelectual Enrique Ubieta- no puede asumir la legitimación del proceso sociopolítico cubano, porque se presenta al debate en defensa de la ortodoxia política que dentro de la misma Cuba prohíbe a la sociedad cubana el debate político, democrático y abierto sobre los fundamentos del socialismo en Cuba.

El socialismo en Cuba, aunque navegue en un mar de contradicciones reales que lo niegan como idea política, está dado. Las discusiones que se admiten son sobre el perfeccionamiento de lo que se entiende y se impone como socialismo. La voz revolucionaria cubana presente en el debate de la TVE no puede discutir con legitimidad sobre los problemas del “socialismo” en Cuba. Acudirá, como lo hace desde Cuba, al mimetismo empirista de “logros reales e imaginados versus errores a superar”. El “discurso gastado” sobre la incapacidad propia, tal como lo identifica el pueblo cubano. Esas voces no están imbuidas de la necesidad objetiva que tiene el proceso sociopolítico cubano de emprender la transición socialista. Por lo tanto, no están capacitadas para ver más allá del horizonte estrecho del dogma político defendido por la dirección política que representa el Partido gobernante cubano.

En consecuencia, no podrá discutir con legitimidad sobre las contradicciones de fondo que alejan a Cuba de la trayectoria hacia la transición socialista, porque ese debate no se da en Cuba, el Partido no lo permite, no lo entiende necesario, más aún, lo considera peligroso para la Revolución cubana. Por consiguiente, la defensa de la Revolución cubana ante las cámaras de la TVE se convierte implícitamente en una renuncia a la discusión sobre el socialismo y sobre el socialismo en Cuba. “La derecha le ha impuesto a la izquierda hasta como debe ser la izquierda”[2] – entre queja y acusación expone ante las cámaras de la TVE el intelectual cubano, sin haber entendido que justamente es eso lo que ha hecho la dirección política de la TVE organizando el debate sobre Cuba. Sin entender que es justamente eso a lo que contribuye, no sólo naturalmente la derecha, sino especialmente el Partido único gobernante en Cuba en el debate sobre el destino del socialismo en Cuba. Para enfrentarle la concepción socialista del desarrollo a la que aspira Cuba a todos los representantes del capitalismo español presentes en el debate, a su TV pública y a la audiencia española, es necesario asumir la perspectiva crítica sobre el socialismo en Cuba. Es decir, asumir una perspectiva de análisis verdaderamente revolucionaria, sin ambages, públicamente en Cuba. Ante lo cual quedarían desarmados esos exponentes político-culturales del capitalismo, gloriosamente envueltos en los atuendos de sus partidos oficiales y sus medios de comunicación, públicos y privados. Pero lo que importa aún más, estaría así el pueblo cubano discutiendo conscientemente su destino como nación. El destino asumido en el tiempo histórico generacional, no reducido al tiempo biológico de sus generaciones.

Entonces, ¿hacia dónde va Cuba?

Que la democracia representativa en Cuba sigue siendo una reminiscencia de la democracia representativa burguesa no lo puede negar nadie. ¿Cómo lo va a negar el pensamiento marxiano revolucionario? Que el modo de producción cubano, basado en el monopolio de la propiedad estatal y el trabajo asalariado a ella subordinado, constituye una expresión elocuente de la economía capitalista no lo puede negar nadie. ¿Cómo lo puede negar un partido que se auto asume marxista-leninista? Que las restricciones a las libertades ciudadanas constituyen una derivada directa de las relaciones socioeconómicas del modo de producción cubano, así mismo como lo son las restricciones a las libertades ciudadanas en la sociedad capitalista y especialmente en el modelo español, nadie lo puede negar. ¿Cómo se puede negar esa doble verdad objetiva desde el conocimiento de la dialéctica materialista?

Que el sistema de partido único en Cuba es tan anti-democrático como el sistema multipartidista capitalista y el español en especial, es una verdad incontrovertible. Puesto que en ambos casos no es la horizontalidad de un movimiento socioeconómico soberano del pueblo el que determina la naturaleza política de los regimenes de gobierno. Que la educación política en España esté en función de inducir esa encarnación de la democracia como el orden natural de las cosas es totalmente entendible. Pero que la educación política en Cuba no sea capaz de cultivar la ilustración del pensamiento para entender que ese es el camino de la servidumbre, es una labor totalmente reaccionaria.

Que la democracia sólo puede ser plena, en tanto expresión de emancipación social, bajo un modo de producción socialista, alternativo al neocapitalista actual cubano y al capitalista español, es una verdad objetiva incuestionable. Y esa verdad no la disfraza la Carta Universal de Derechos Humanos que agita el mundo capitalista y blande en la TVE contra Cuba el representante de turno del partido franquista español (J.Moragas). Porque esa Carta de supuestos derechos humanos universales se erige sobre la naturaleza burguesa del orden capitalista internacional. ¿Se trata acaso del prosaísmo del crecimiento económico o del humanismo del desarrollo socio-cultural? Ni la economía de la carencia cubana es expresión de desarrollo -contrariamente a como se intenta la defensa a ultranza de la Revolución desde “la izquierda amplia” (C.Frabetti, 2010)[3]-, ni tampoco lo es la opulencia de los mercados capitalistas -precisamente como demuestra esa pobreza material y social en que subsiste el 20% de la población de España.

Los seres no seremos libres y soberanos porque estemos condenados -como lo estamos en el mundo capitalista y en Cuba- a una lucha eterna por la distribución justa de los panes y los peces, sino por la multiplicación de los mismos sin necesidad de aprovecharnos para ello del trabajo de nuestros congéneres. Dueños por igual del producto común, no tendremos unos que mendigar el pan a otros, no tendremos unos que pedir permiso para vivir a otros. Ni dioses, ni césares, ni elites apoderadas ni vanguardias ilustradas, ni esclavos ni modernos siervos. Superar toda esa prehistoria en que se sigue consumiendo la civilización humana. Esa es toda la filosofía de la idea política sobre el tránsito hacia el socialismo.

Entonces, Cuba no necesita asistir a la TVE para defenderse de campaña anticubana alguna. La defensa de Cuba está en el debate interno democrático sobre la transición hacia el socialismo. Nadie dentro ni fuera de Cuba puede afirmar hoy que la Revolución cubana no es un hecho. Pongamos las cosas en su lugar. No deja de ser un hecho porque su Líder haya sentenciado la reversibilidad de la Revolución (2005). Esa declaración constituye la crítica más contundente no a “su obra”, sino a su filosofía sobre la idea del socialismo al que supuestamente debería conducir la “obra de la Revolución”.

La Revolución cubana es un hecho historio-político consumado. Su expresión social lo define y la defiende. Lo que no es un hecho en Cuba es el socialismo. Y no lo es porque en primer lugar, el socialismo puede asumirse sólo como un proceso de purificación de las relaciones socioeconómicas entre los individuos; un proceso de desintoxicación de la naturaleza política que le impregna el capitalismo, específicamente el modo de producción capitalista. Entiéndase: el modo de reproducción cultural de la materialidad de la existencia humana. Y, en segundo lugar, porque ese proceso de purificación en Cuba se ha extraviado. El fracaso político de la Revolución cubana esta hoy dado en su incapacidad para garantizar la transición socialista.

En consecuencia, la razón del debate cubano sobre Cuba está en cómo encontrar y retomar el camino hacia la transición socialista.

Y en ese debate no tiene palabra alguna que pronunciar la pobreza intelectual de los voceros del estamento político capitalista, mucho menos el español. Ese estamento puede sólo deleitarse en el narcisismo de su vacuidad cultural. La imagen “químicamente pura” -como acotaría N. Guillén[4]– de la presentadora de la TVE que fascina al intelectual cubano “abrumado”[5] por las circunstancias, es la belleza de afiche a la que aludía M.Proust. La impresión de la forma por encima de sus contenidos. 

El debate sobre Cuba en la TVE, contrariamente a como aprecia el intelectual cubano, ha sido un debate de mentiritas de todas las partes. Y no se puede buscar en 59 segundos fuera de Cuba lo que no se es capaz de conseguir en 50 años dentro de ella.

La legitimidad del debate por el socialismo en Cuba que está en el interés de la nación cubana, sólo puede darse desde el pensamiento cubano crítico independiente, cuya organicidad política -en el sentido gramsciano- es verdadera únicamente en el compromiso con la superación inequívoca del sistema de producción material y reproducción cultural de las relaciones socioeconómicas capitalistas. No se puede aspirar a una cultura del trabajo liberadora de la condición humana sin negar las raíces de la servidumbre humana.

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La actualidad del análisis induce su reproducción, con más propiedad por la nueva Constitución de Cuba que será sometida a referendo nacional para su aprobación o rechazo el próximo 24 de febrero. El artículo fue publicado originariamente en KaosenlaRed y reproducido por múltiples portales de izquierda (entre otros: http://debatespolitica.com/1584) en abril 2010 !. Censurado en Cuba. 

Ver: ” Cuba. No a la transición capitalista constitucionalhttps://robertocobasavivar.wordpress.com/2018/12/21/cuba-nueva-constitucion-mediante-en-la-trayectoria-de-la-contrarrevolucion-capitalista/

RCA


[1] Debate sobre Cuba en la TVE, versión completa en: http://www.rtve.es/noticias/20100408/posturas-enfrentadas-debate-especial-sobre-cuba/326825.shtml

[2] Ibídem

[3] Carlo Frabetti, “Cuba: un referente material”, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-material-preferente

[4] Nicolás Guillén, intelectual cubano, escritor, Poeta Nacional de Cuba; tomada la expresión de su poema “Digo que no soy un hombre puro”, ver: http://www.fguillen.cult.cu/guigale/074.htm

[5] Enrique Ubieta, “Crónica personal en 59 minutos”, en:www.kaosenlared.net/noticia/cronica-personal-59-segundos

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