Fidel, la Revolución y el Socialismo.

Patria o Muerte

La Revolución inspirada por el pensamiento revolucionario de Fidel ha preservado por un momento a Cuba de la catástrofe capitalista. Más allá del mito romántico alrededor de su persona y el miedo de las derechas y los enemigos de toda laya cubanos y extranjeros a su estatura moral y política, Fidel trasciende por su práctica revolucionaria en función de la emancipación humanista del pueblo. Esta visión marca todo su liderazgo en la conducción de la revolución social y política que transforma el país y la sociedad, sacándola del vertedero capitalista neocolonial cubano-americano.

A esa proyección revolucionaria liberadora en Fidel que emplaza el pensamiento político burgués y el capitalismo como formación socioeconómica retrógrada, los ideólogos de las derechas internas y foráneas, la etiquetan como “castrismo”. Así pasa al sistema circulatorio  guerrerista de la burguesía y la derecha internacional contra la Revolución cubana. La pobreza del ejercicio político reaccionario que J. Martí denuncia cuando dice que los ingratos suelen ver solo las manchas del sol. No es Fidel el sol, es el proceso revolucionario transfomador sui géneris. Cuba sale del compartimiento estanco cultural de la sociedad capitalista y se convierte en su negación humana. La idea del Che sobre el hombre nuevo más que un lema revolucionario es un horizonte cultural, solamente posible en una sociedad humanista. De ahí que el proyecto socialista necestite de la creación heroica en el sentido que Mariátegui apunta. La dimensión filosófica del hecho escapa al pensamiento alienado de izquierda y derecha, adentro y afuera. 

“Los filósofos hasta nuestros días siguen concentrados en la interpretación del mundo y de lo que se trata es de cambiarlo” – resuena Marx con su  agudeza en la Tésis 11 sobre el materialismo fósil de Fouerbach. Superar la filosofía de la interpretación del mundo y pasar a lo revolucionario, cambiarlo. Ni la revolución francesa, ni la rusa ni la china ni la incipiente y ya claramente lastrada, tras la muerte de su Líder H. Chávez, revolución bolivariana venezolana lo consiguen. Sus procesos sucumben ante la inconsecuencia teórica y práctica de los revolucionarios y la persistencia de las fuerzas reaccionarias por ahogarlos.

El proceso revolucionario cubano de transformación lleva la impronta de la conducción de Fidel. Es, hasta nuestros días, un proceso muy ajeno a la linealidad que muchos le exigen. Es sinuoso, se dice y se contradice, es una lucha constante de superación y retrocesos. La credibilidad, la visión del cambio y el conocimiento sobre la patología social y cultural en que ha sido criada la sociedad bajo el capitalismo hacen del liderazgo de Fidel el factor de los cambios revolucionarios. Los agradecidos que se suman en masa al proceso transformador de la sociedad, la economía y la política ponen el acento en el nombre y se autoconsideran “fidelistas”, alzándose así ante los contrarrevolucionarios del “anti castrismo”. Es en el fondo una lucha de clases remanentes.  

Es Fidel quien, ante el derrumbe de los sistemas pro socialistas emergidos de la 2GM en Europa del Este con la Unión Soviética al frente, así como en China y Vietnam, define la resistencia de la Revolución cubana en la trayectoria que evitará y superará el derrotero neoliberal capitalista del “No Hay Alternativa” (There Is Not Alternative TINA) de la nefasta Thatcher con que se venía a engullir todos esos proyectos. No parecía que Cuba y los cubanos fueran a resistir la brutal crisis económica y social que provocó la caída de todo ese espectro del llamado “socialismo-real”, asi etiquetado por la guerra ideológica  de los centros capitalistas occidentales contra el mismo. El impacto sería mucho mayor en un modelo socioeconómico aquejado de serios problemas estructurales, engendrados por lo que realmente se ha alimentado tras el etiquetado de “socialismo real”: un modo de producción de sesgo capitalista. Es en esas circunstancias y sobre ese modelo que el bloqueo económico, comercial, y financiero del Imperialismo norteamericano sumó su fuerza destructiva con la quasi certeza que la Revolución caería de rodillas y el pueblo desataría un alzamiento definitivo histórico contra ella.

Sin embargo, la determinación revolucionaria y la autoridad política de Fidel  son las que trazan la salida al desplome sistémico: ni una concesión a las ideas de embarcarse, como lo hacían todos esos “países socialistas”, en la retroacción capitalista para supuestamente salvar el proyecto socialista de país. Dos cosas le eran claras: una, que ello sería una tragedia verdaderamente histórica para las aspiraciones de emancipación social del pueblo cubano que se venían materializando; dos, que ello conllevaría a la pérdida irremediable de la soberanía de Cuba que se había logrado con el desencadenamiento de la Revolución y las ideas socialistas.

El capitalismo no tiene porvenir como modelo de sociedad, como nada; es un disparate de cabo a rabo, es una injusticia de cabo a rabo, es el imperio del egoísmo, es la ley de la selva, y todavía hay idiotas por ahí que creen que van a resolver el problema con el capitalismo” – expondrá como mirando hacia donde estamos hoy, en el discurso por el XXXIV aniversario del Asalto al Palacio Presidencial y a Radio Reloj, (13/3/1991).

En medio de la crisis económica y social que revienta el entendido campo socialista y la asunción del llamado Periodo Especial en Tiempos de Paz en Cuba, enfatiza: “Porque no es en las ideas socialistas donde puedan estar las dificultades, es en los errores que cometemos los hombres en cualquier tarea humana, en cualquier tarea social, en cualquier tarea revolucionaria. Somos los hombres los que a veces hemos copiado sin necesidad de copiar; somos los hombres los que nos olvidamos con las glorias de las memorias; somos los hombres los que nos aburguesamos o nos dejamos aburguesar; somos los hombres los que nos confundimos o nos dejamos confundir (Discurso pronunciado en las conclusiones de la Asamblea Provincial del Partido de La Habana, 3/2/1991). Como el látigo martiano con cascabeles en su punta, apunta a la gran burocracia estado-partidista que, como advertía también Lenin, se le echaba encima a la Revolución.

La crisis, medida por una caída de ca. 30% del entendido producto interno bruto, PIB, se logra rebasar en apenas 4 años. Ya en 1994 se contabiliza un crecimiento económico positivo. El aprovechamiento extensivo de las reservas productivas surte efecto, sin tener que acudir a las recetas fondomonetaristas del capitalismo neoliberal.

pib cuba

FUENTE: HTTP://LAFABRICADEALFILERES.BLOGSPOT.COM/2015/07/LA-ACTUALIZACION-DEL-MODELO-ECONOMICO.HTML

Ni Tirios ni Troyanos contrarios a la Revolución, propios y foráneos, pueden perdonarle a Fidel esa resistencia y esa salida de trascendencia histórica ante la crisis terminal del “socialismo-real”. Para los enanos de pensamiento, los alérgicos a las causas liberadoras, los egoistas y cobardes ante la determinación revolucionaria, seguirá siendo el “verdugo del pueblo cubano”. A ellos, los débiles y resentidos por la frustración de ambiciones privadas innombrables, les dirá en plena crisis: Si nosotros hubiéramos sido de barro, si nosotros hubiésemos sido elaborados con clara de huevo, si nosotros hubiésemos sido blandos, ¿qué quedaría de este país?, ¿qué quedaría de esta Revolución?” (Discurso en el VI congreso de la UJC, Palacio de las Convenciones, 4/4/1992).

Ya era el Ché el que le escribía en su Carta de Despedida a Fidel cómo había aprendido a su lado que “en una revolución se triunfa o se muere si es verdaderaEse apotegma no habla de glorificación al heroismo. Nos dice que cualquier revolución política que intente la superación de la sociedad clasista estará condenada a muerte por las clases que sostienen el sistema. Cuando los pobres de París salieron a las calles y tomaron la Bastilla la burguesía y los pusilánimes reaccionaron y hundieron la amenazante Comuna en sólo unas semanas sangrientas. A la Revolución Rusa de Octubre la mantuvieron desde su surgimiento en el desgarro de una guerra interna y el más feroz asedio imperialista de los países capitalistas occidentales.

Tan ipso facto como desde 1959 la oligarquía imperialista norteamericana barrida del país no cejó en su empeño de sitiar y tratar de asfixiar económica y militarmente la Revolución cubana. «El general Dwight Eisenhower, Presidente de Estados Unidos, fue el primero en utilizar el terrorismo contra nuestra patria, y no se trató de un grupo de acciones sangrientas contra nuestro pueblo, sino decenas de hechos desde el propio año de 1959, que se incrementaron después a cientos de actos terroristas cada año, con empleo de sustancias inflamables, explosivos de alta potencia, armamentos sofisticados de precisión con rayos infrarrojos, venenos como cianuro, hongos, dengue hemorrágico, fiebre porcina, ántrax, virus y bacterias […] No invento estos hechos. Constan en los documentos desclasificados del Gobierno de Estados Unidos” – expone Fidel en 27.05.2009.

ese asedio se unió toda la lacra cubana latifundista, capitalista y anti nacional, también barrida por la Revolución, en la revancha de reconquistar el poder. Vencidas las elites del poder burgués oligárquico huyeron hacia el “Norte revuelto y brutal” que nos sigue despreciando. Cuba se libraba así de una clase eminentemente reaccionaria. La invasión gringa-cubana por Bahía de Cochinos (para los cubanos Playa Girón) la guerra interna de cientos de cubanos alzados contra el poder revolucionario, asesinando campesinos en las montañas del Escambray, intentaron revertir el triunfo popular sobre el capitalismo neocolonial. Derrotados por el pueblo con Fidel al frente, mantuvieron una guerra remanente de sistemáticas agresiones militares y económicas que cobró la vida a más de 3 mil cubanos. La mezcla de odio y miedo al “fantasma del socialismo” en Nuestra América (hay una que no es nuestra) llevó a esa oligarquía imperialista yanqui al impotente sadismo de hoy con el bloqueo económico, comercial y financiero que ya en 1961 impusiera a Cuba.

Los canijos, criollos y foráneos hablan del “dictador Fidel” y del “pueblo esclavizado”. La política mezquina yanqui de Pies Mojados y Secos alienta durante decenios la salida del país de los cubanos inconformes, una criminal provocación de éxodo ilegal y riesgoso para la vida de los cubanos que deciden migrar, mientras el Departamento de Estado obstaculiza la migración legal que ha pactado en varias ocasiones con el Gobierno de Cuba, todo en aras de mantener en la mayor desestabilización posible el país y el Estado cubano. Provocando éxodos masivos descontrolados (Mariel, etc) los EEUU asumen deliberadamente esos movimientos como peligro para su seguridad nacional y la Espada de Dámocles de la intervención tensa una y otra vez el hilo de la cual pende sobre Cuba desde 1959.

Mientras tanto, la mayor migración que la historia conoce en tiempos modernos es del México capitalista hacia los EEUU, reprimida con saña por el vecino colonialista. El mismo que mira para otro lado ante las caravanas de la fuga de Centroamérica neocolonial capitalista de miles de latinoamericanos que,  cual bumerang político, le da en la cara a los imperialistas y sus acólitos cubanos y extranjeros. Toda América Latina sumida en la violencia capitalista, en la exclusión capitalista de las mayorías, en la miseria de millones, en la contaminación cultural y el atraso social, pero no, es Cuba, con los mejores logros sociales en el Hemisferio, muy por delante de los propios EEUU, es a la Revolución cubana a la que hay que denostar y a Fidel, el Líder, al que seguir atacando.

Crear el caos, azuzar el odio, culpar ante el mundo a Fidel y a la Revolución de “matanzas de cubanos” y nada menos que de animador del narcotráfico en la región, dicen de los argumentos desesperados en busca de la justificación para terminar con el “problema cubano”. La invasión a Panamá del Ejército gringo armada por el Pentágono lo explica fehacientemente. La CIA trata de asesinar al Líder en más de 600 intentos, contratando también para ello a la Cosa Nostra norteamericana. La eliminación de Fidel, calculan, hará caer la Revolución anti imperialista y precursora del primer Proyecto Socialista en las Américas.

La resistencia revolucionaria de Fidel al frente de Cuba salva las posibilidades del Proyecto Socialista. “Argumentos tenemos millones para defendernos; el capitalismo es indefendible, el imperialismo es indefendible; el socialismo, cualesquiera que sean los errores que puedan cometer los hombres y no habrá ninguna obra humana en que los hombres no cometan errores, es lo más noble, lo más justo y lo más digno que se pueda llevar a cabo” (Discurso en el VI congreso de la UJC, Palacio de las Convenciones, 04.04.1992).

No renunciaremos nunca a los principios que adquirimos en la lucha por traer toda la justicia a nuestra patria poniéndole fin a la explotación del hombre por el hombre, inspirados en la historia de la humanidad y en los más preclaros teóricos y promotores de un sistema socialista de producción y distribución de las riquezas, el único capaz de crear una sociedad verdaderamente justa y humana: Marx, Engels y más tarde Lenin. Jamás hemos dejado de recordar sus nombres, como han hecho no pocos tránsfugas y cobardes” – expone Fidel en el discurso pronunciado en la Tribuna Abierta de la Revolución, efectuada en el municipio Playa, 31.03.2001.

Sin embargo, ni el Líder ni el Partido Comunista emprenden entonces, en el segundo quinquenio de los 90, justo el momento histórico después de rebasar la coyuntura de la crisis, el proceso de cambios que apuntase a la superación del modo de producción neocapitalista en quiebra: enrumbar hacia “un sistema de producción … poniéndole fin a la explotación del hombre por el hombre”.

El modelo se mantiene cuasi intacto ignorando las causas estructurales de fondo que favorecieron el estrepitoso derrumbe de la economía ante el colapso del ex “campo socialista”. La salida de la crisis socioeconómica se plantea en términos de reformismo economicista. Se logra en gran medida con la movilización de la economía informal que viene a recordar una economía de guerra en tiempos de paz. En ello contribuye la entrada de divisas por las remesas de los migrantes cubanos. Nada de esto impide que el sistema económico se caotice en una suerte de eclectisismo estructural de las formas de producir para la subsistencia. Las empresas estatales, eje vertebrador de todo el sistema empresarial, se resquebrajan y el ordeno y mando central pierde eficacia compulsoria. 

Socialismo o Barbarie

La revolución socialista que podía haber sido desencadenada en la transformación del modo de producción neocapitalista no avanza. El país permanece atrincherado en la atalaya de plaza sitiada. El pueblo se mantiene distante del entendimiento del momento histórico para la suerte del socialismo.

Si la práctica ha venido siendo el criterio de la verdad y en ello se ha soportado la importante revolución social y cultural habida, la desestimación de la democracia ha acabado por sacrificar la dialéctica materialista del cambio revolucionario.  

El modo de producción seguirá siendo en esencia, el de la explotación del trabajo alienado. Hasta que, después de un decenio de la crisis de 1990, el modelo implosiona, y es el propio Líder de la Revolución quien declara que “ya no le sirve ni a los cubanos” (para la revista The Atlantic, 2010). Fidel explica el fracaso del modelo aludiendo que  el mayor error cometido fue habernos creído que sabíamos cómo se construía el socialismo.

La salida de la nueva encrucijada parece pautada por el Líder de la Revolución cuando en el discurso de la Universidad de la Habana (2005) expone la idea de la  la justicia social alcanzable en términos del “socialismo vulgar”.

“La única salida esdeclara Fidel en un discurso que deviene histórico por significar un parteaguas en la visión del revolucionario– en distribuir con justicia las riquezas que la tecnología es cada vez más capaz de producir en abundancia”. Es un reflexión política donde se refiere, no puede haber dudas, a la “abundancia capitalista”, no a la visión marxiana sobre el futuro comunista, “cuando el trabajo deje de ser un imperativo y la riqueza corra a chorros”. El salto exponencial tecnológico capitalista de los últimos 100 años no ha detenido la expropiación y concentración progresiva de la riqueza. No puede hacerlo bajo el capitalismo.

gini-technologia

La idea sobre el panaceum de la distribución, Marx la ha conceptuado como socialismo vulgar en su profunda crítica al programa del partido obrero alemán, ya hace más de un siglo:

El socialismo vulgar -y por intermedio suyo una parte de la socialdemocracia- ha aprendido de los economistas burgueses a considerar  y a  tratar la distribución como algo independiente  del modo de producción, y por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira  principalmente  en torno a la distribución. Una vez que está dilucidada la verdadera relación de las cosas, ¿por qué volver atrás?” 

El debate sobre la reforma constitucional al que convocó el PCC  no asumió discutir acerca de la concepción del modo de producción socialista. La filosofía política sobre la naturaleza de dicho modo, en tanto expresión genuina de la idea y el concepto revolucionario de democracia, no es objeto de debate revolucionario. El debate sobre el modelo socialista que queda definido en la nueva Constitución (2019) se condujo hacia la forma y no hacia la esencia que habría de pautar y desencadenar la revolución socialista: la radical transformación del modo de producción neocapitalista alimentado desde 1959.

El camino reformista le quita por fin la “R” a la R-evolución. Es la hora de los hornos y los revolucionarios se niegan a ver la luz. 

El reformismo se han cuidado de no emprender una transformación integral del modo de producción en función de los presupuestos socialistas que pueden hacer de la economía social un sistema racional y altamente eficiente.

La revolución socialista plantea un reto: el cambio de paradigma de la acumulación de capital – de acumulación estatal a acumulación social. Sin este cambio de paradigma no habrá manera de naturalizar la democracia como valor referente y factor decisorio de la sociedad socialista.

No existe otro camino en el cambio de paradigma de la acumulación y la siembra de la democracia socialista -valga aquí el oxímoron político- que el de la transformación de las relaciones sociales del actual modo de producción neocapitalista cubano, hacia el de relaciones de productores libremente asociados en entidades económicas democráticas, solidarias, autónomas y autosustentables, tales como las que se conforman en las empresas sociales cooperativas.

El trabajo cooperativo llevado a cabo por ciudadanos libremente asociados, sin mediación de la relación asalariada, crea la responsabilidad social sobre los valores generados por el colectivo de trabajadores y su gestión democrática. Se trata del sentido de inclusión y pertenencia social que impide la explotación del hombre por el hombre y con ello la alienación del trabajo. En estas condiciones, toda vez que asumimos el socialismo no como fin, sino como el camino hacia el comunismo, la sociedad productora cooperativa es la llamada a crear la cultura de la no-propiedad en que derivarán las relaciones sociales del modo de producción en su visión comunista.

La identificación de la democracia como la antinomia política del capitalismo no toma fuerza en el pensamiento revolucionario cubano. La socialización y autonomía de la propiedad sobre el capital en la conformación de un nuevo modo de producción no se identifican como el fundamento de la democracia en tanto emancipación socioeconómica del pueblo. La Revolución se asienta en el interregno gramsciano de las arenas movedizas entre lo que no muere y lo que no acaba de nacer.

Hace falta una carga para acabar la obra de las revoluciones, para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos la Patria que los padres nos ganaron de pie”. La revolución socialista es la carga a que conminan Villena, Martí y Marx al pueblo cubano.

El apotegma de Fidel “cambiar todo lo que sea necesario cambiar” lleva un desafío: Socialismo o Barbarie. 

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Consulta:

RCA,”CUBA. NO a la Transición Capitalista Constitucional”.

https://robertocobasavivar.wordpress.com/2018/12/21/cuba-nueva-constitucion-mediante-en-la-trayectoria-de-la-contrarrevolucion-capitalista/

RCA, “Cuba. Propiedad y Constitución: no son los «medios», son las relaciones sociales de producción e intercambio”.

https://robertocobasavivar.wordpress.com/2018/12/14/cuba-propiedad-y-constitucion-no-son-los-medios-son-las-relaciones-sociales-de-produccion-e-intercambio/

4 thoughts on “Fidel, la Revolución y el Socialismo.

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