La Revolución Bolivariana trasciende Venezuela y se alza como horizonte emancipatorio para los pueblos y países nuestros-latinoamericanos.

En consonancia con ello, el presente análisis es un breve ensayo por la Constituyente Económica que intenta contribuir al debate popular para la superación del sistema de producción e intercambio capitalista que hereda Venezuela. En las relaciones sociales de producción capitalistas están las raíces de la crisis sistémica económica que como guerra política el poder burgués blande contra la Revolución Bolivariana y su proyecto social. El destierro del sistema económico capitalista comienza a partir del 30 de Julio de 2017. Es tiempo para la siembra del modelo de economía socialista.

Si ha de abrirse paso la Espada del Libertador, la Constituyente convocada en nombre del Pueblo por el Pdte. Nicolás Maduro no tiene otra opción que montar la Revolución Bolivariana en los rieles de la Revolución Socialista. El cúmulo de fuerza revolucionaria popular alcanzado está llamada a parir una nueva cualidad política institucional. La invitación bolivariana exhala el espíritu martiano: “con todos y para el bien de todos”. Sin embargo, la certeza histórica de esa idea de igualdad y progreso, apreciada con profunda convicción por Hugo Chávez, es la que pone en pánico a Tirios y Troyanos en Venezuela y el resto del mundo capitalista. Derecha sempiterna e izquierda genéticamente modificada se abrazan bajo el influjo de la Pax Americana contra la Constituyente. Esa es la buena noticia. Saben que la Constituyente del pueblo no será el gatopardismo que invoca la minoría burguesa y oligárquíca: cambiar todo para que no cambie nada. Porque es el Golpe de Timón Constituyente el que define el horizonte y los caminos de la paz: el Socialismo.

La Constituyente Económica se enfoca sobre la transformación del sistema capitalista en pos de un modelo de relaciones sociales de producción e intercambio socialista. La proyección del modelo de economía socialista entierra definitivamente la contrarrevolucón económica, desarma a los mercenarios de ocasión “Dolartoday & Cia.”, pincha para siempre el balón inflacionario y abre los caminos de la paz social, el progreso económico y el desarrollo cultural de la nación. Es aquí donde el pensamiento crítico revolucionario en debate con el pueblo cava la fosa cómún y sepulta los huesos de la economía política clásica burguesa y su apéndice infectado, el neoliberalismo, para edificar sobre ellos el nuevo paradigma de la participación socioeconómica democrática. La acumulación cuantitativa de logros sociales y superación cultural del pueblo hace que en Venezuela se den las condiciones para el cambio hacia una nueva y superior cualidad económica y política de la nación y el estado.

El avance educacional del pueblo que ha propiciado la Revolución Bolivariana, poniendo a su alcance de forma universal e incondicional el saber, ha sido y es el golpe demoledor a los fundamentos del andamio económico de explotación capitalista y sometimiento cultural del pueblo. No es el avance de la educación en función del modelo ideológico capitalista. Puesto que “ser culto es el único modo de ser libre” – tal como nos devela el legado político del excelso humanista José Martí. Ese sentido de la liberación cultural es el que lo lleva al campo de batalla a galope revolucionario contra el ejército colonialista español, convencido como estaba que la independencia de Cuba evitaría que los EEUU se lanzaran con una fuerza mayor sobre nuestras nacientes repúblicas americanas. Una certeza historio-política vislumbrada por Simón Bolivar cuando alertaba que “los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad”. El saber fuera de la camisa de fuerza del pensamiento burgués nos ampara y favorece. La Constituyente venezolana ya desencadena una revolución cultural popular que libera el pensamiento y la participación social.

Vayamos a lomo de esa revolución cultural del pensamiento a las raíces del régimen de extorsión económica capitalista en su contexto mundial y el particular venezolano para entender la necesidad imperativa del modelo socioeconómico socialista como principio constituyente.

Economía e inflación. La inflación es el troyano escogido contra la economía venezolana en tiempos de revolución. Porque la economía capitalista se alimenta de la inflación. Le teme pavorosamente a la deflación. Tiene que controlar la hiperflación. Nada de ello tiene que ver con la preocupación por el nivel de vida del ciudadano. La única preocupación es empujar al alza la tasa de ganancia del capitalista. De esa minoría venezolana que se apropia del capital producido socialmente por la mayoría trabajadora. El pueblo, la mayoría social, es fuerza de trabajo alquilada al precio del peor postor capitalista. Porque sencillamente en la medida que el capitalista – ese susodicho dueño de los medios de producción – menos paga por el trabajo, más acrecenta el capital que se apropia unilateralmente. Esta es la regla de la economía capitalista.

Para el mercado capitalista el hombre/la mujer de pueblo es un prosaico consumidor. Un cerdo en un corral. Todo engorde del mismo es con vista a su jugosa ejecución. No es una afirmación de K. Marx como en su incultura afirma la burguesía oportunista, sino del padre de la economía clásica burguesa, Adam Smith. “Ese carnicero que con su negocio privado le vende todos los días la carne al cliente lo hace para satisfacer su beneficio particular y el bienestar de su familia. El que ello llegue a cumplir alguna función social es solamente un factor resultante de su interés privado”. La “mano visible” del mercado – tal como bien la identifica la economista Pascualina Curcio en el imprescindible estudio sobre la economía venezolana – hace lo suyo. Es justamente la que provoca – según constata inequívocamente el último informe de Oxfam – que el 1% de la población mundial acapare más riqueza que el resto de la humanidad en su conjunto. El fenómeno tiene lugar desde que el capitalismo apareció “chorreando sangre por los poros”i en el siglo XIX, gracias a la “extorsión originaria del capital”, tal como con suspicacia le corregía Engels a Marx la apreciación del fenómeno de la concentración y acumulación de capital.

Los incrédulos o incultos indoctrinados por el pensamiento burgués en la fe al capitalismo reciben hoy del economista francés Tomas Piketty un estudio concienzudo (“El Capital en el S. XXI”) que avala la lógica interna de la reproducción del capital en el modo de produción capitalista expuesta por Marx. Desde el medioevo hasta nuestros días la participación de la renta del trabajo en el producto corre a la baja, mientras que la de la renta del capital al alza. La renta de la riqueza presenta una tendencia alcista superior al crecimiento económico en todas las épocas.

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La inflación según aprecia el problema la economía clásica burguesa – léase: economía clasista – es un fenómeno inherente a la producción y el comercio. Una suerte de característica extraterrenal. Pero en el mercado se da, de acuerdo a la explicación de la economía clásica, cuando la demanda de mercancías excede la oferta de las mismas. Se sostiene si esa situación se sostiene. La inflación, nos revela sin querer el pensamiento económico burgués  – dada su existencia crónica, puesto que la economía capitalista no conoce la inflación cero como estado natural de la economía – es el puro reflejo de la economía de la carencia. Es decir, si la oferta de mercancías es baja o no reacciona al estímulo de la demanda buscando un equilibrio, la inflación campea por derecho propio. Desde que el capitalismo es capitalismo le acompaña la inflación, es decir, la escasez de la oferta con respecto a la demanda. Lo que en realidad sucede es que la inflación en el mercado del sector consumo (el que afecta directamente a la población) tiende a favorecer al capitalista, al dueño del capital. Por el contrario, depreciona el poder de compra del consumidor. Por la misma cantidad de dinero podemos comprar cada vez menor cantidad de mercancías. El capitalista no pierde. Pero solamente hasta el momento en que el consumidor pierde totalmente la capacidad de compra, pues entonces el capitalista no vende, no gana. De ahí que el capitalista viva calculando los umbrales del precio que le favorecen, y los trabajadores vivan trabajando sin descanso, uno, dos, tres empleos y endeudándose en los bancos privados.

Dinero en circulación e inflación recurrente. La carrera entre la inflación y el poder adquisitivo es como una carrera de caballos. La inflación siempre despunta y el poder adquisitivo le va detrás, pero nunca la alcanza, no la vence porque la inflación no cesa. Una tasa anual del 3%-5% de inflación es considerada “saludable” por la economía política burguesa. Los precios “casi” no suben, pero suben. Es la liebre de peluche accionada como zanahoria inalcanzable por el galgo, pues si la alcanza el galgo dejaría de correr, el trabajador no tendría la presión inflacionaria como espada de dámocles sobre sí mismo. A la mayoría de los trabajadores nunca le alcanza el dinero. La definición popular de la inflación dice: que es cuando el dinero se acaba y el mes sigue corriendo. La inflación es eterna, ¿porqué?. Pues porque siempre hay en movimiento una masa monetaria sin cobertura en el valor de las mercancías en circulación. Eso no es que sea inherente a la economía bolivariana. Es inherente a la economía capitalista. Es la emisión del dinero como deuda en manos de la banca comercial privada la fuente de la masa monetaria inflacionaria en la economía.

Podría arguirse para beneplácito de los monetaristas venezolanos (de derecha y de los de supuesta izquierda) que la masa monetaria en circulación por el aumento de la emisión de dinero por el BCV está en la raíz del problema de la carencia, por el “aumento brusco y desmedido de la demanda” que ello significaría. Pero en la economía de la Venezuela Bolivariana la demanda agregada impulsada por la masa monetaria se mantiene baja y relativamente estable, en contraste con el aumento desproporcionado de la inflación, no hay correlación positiva entre estas variables. Se mantiene la alta inflación, la que en principio debería “comerse” los supuestos excedentes monetarios. Si la masa monetaria en circulación fuera el causante primero de la escasez y la inflación, el consumo agregado (hogares y Gobierno) se situaría en niveles por encima del crecimiento de la producción medida por el PIB. Lo que sucede es lo contrario. En todo el periodo entre el 2003 y el 2013 el consumo agregado estando al alza se mantiene por debajo del crecimiento del producto PIBii. Una relación inversa apuntaría a que las importaciones cubren el “exceso de demanda” (por encima de la producción nacional). Pero la realidad dice que las importaciones de productos de consumo – realizadas por las empresas privadas – no cubren el alza de la demanda. Toda esta evidencia empírica pone en total evidencia cognitiva los argumentos de los economistas venezolanos adictos al pensamiento de la economía política burguesa. No explican el fenómeno que critican, a saber: “la irresponsable emisión de dinero por el BCV y su ignorancia en la lucha contra los recurridos ciclos económicos”.

Mientras el capitalista tenga un sector de consumo con capacidad de respuesta suficiente a la subida de los precios no se preocupará por ese otro sector que se va quedando sin capacidad de compra. Puesto que sus ganancias siguen aseguradas. La burguesía y la llamada clase media alta venezolana portan la demanda necesaria para la oferta recortada de mercancías que satisface las expectativas de ganancia de los capitalistas venezolanos. El modelo socioeconómico de la IV República. Ellos siguen dominando cerca del 70% del producto interno bruto no petrolero, casi toda la producción del país. En su conjunto constituyen un cartel oligopólico. No tienen competidores en el mercado, son amos de la oferta. Los tuertos pasando por reyes en un mercado ciego.

No es un fenómeno venezolano. Es lo que caracteriza la economía de mercado capitalista, especialmente (develado por Raúl Prebish) en las periferias con respecto a los centros neocolonizadores de ese “sistema-mundo”(que nos define Inmanuel Wallerstein).

En Brasil el 50% de los ciudadanos no le es necesario a los capitalistas como consumidores. Los capitalistas tienen un 50% de la población con la capacidad – media y alta – de consumo que les asegura el nivel de demanda a su oferta. Que ese otro 50% viva en el límite de la subsistencia y la indigencia no es problema que preocupe a los capitalistas. La sociedad de trabajadores y pueblo excluido es causa y consecuencia de la sociedad de propietarios y acaudalados excluyentes. Puesto que los marginados constituyen ese ejército de necesitados que trabajan para la reproducción ampliada del capital privado hegemónico, explotados por salarios de hambre.

Con la Revolución se viene dando lo contrario. El Gobierno Bolivariano implementa y mantiene una política de inclusión económica. Las masas preteridas hasta la IV República comenzaron a salir del apagón del poder de compra en que se encontraban. La demanda promedio de mercancías de la sociedad aumentó porque aumentaron sistemáticamente los salarios y se incorporaron al mercado de consumo nuevos ciudadanos. Ello dado la cobertura a personas en edad de jubilación que no la tenían, a la disminución del desempleo por el desarrollo de nuevas formas de producción, entre muchos otros millones de beneficiados de programas sociales. Al implementarse paralelamente los servicios universales de salud y educación, el aumento de la capacidad de compra de esas masas se torna mayor, pues los salarios y pensiones no son mermados por el pago directo de dichos servicios, ya que son de acceso universal para todo el pueblo.

Sin embargo, ante el cambio de correlación entre demanda y oferta a favor del aumento de los niveles promedio de demanda, el capitalista venezolano se sabe protegido por el mercado. El aumento de la demanda produce lo que se conoce como »presión inflacionaria«. Ante esta situación, contrariamente a la leyenda urbana económica burguesa, el capitalista tiene una oportunidad de oro para aumentar sus ganancias. La capacidad productiva instalada por los capitalistas venezolanos ha venido siendo aprovechada en un 60/70% cuando más. (Actualmente llega en ráfagas al 80%). Es decir, que con solo poner a producir esas capacidades ya instaladas, sin aún necesidad de nuevas inversiones, los capitalistas pueden hacer frente a buena parte del aumento de la demanda, asimilar esa presión inflacionaria sin que se disparen los precios. Pero no se preocupan mucho por ello. Puesto que eso implica por lo general el aumento del empleo y de los insumos (costos de producción en el cálculo económico de la empresa capitalista). Entonces la inflación se despega y el aumento de los precios hace el trabajo sucio (el limpio sería el aumento de la producción), pues comienza a buscar el punto de equlibrio con el incremento de la demanda. La burguesía propietaria venezolana sabe que tiene bajo la manga el “as” del menor esfuerzo: la importación especulativa.

Doble camisa de fuerza: a la inflación y a la economía de la escasez. El Gobierno Bolivariano en pos de proteger la capacidad de compra de los ciudadanos comienza una batalla administrativa titánica contra el galope de la inflación. Aumentos salariales y control de los precios son las medidas emergentes de corto plazo. Pero los efectos son claramente contraproducentes. Porque el llamado libre mercado es aliado de los capitalistas, no de los trabajadores ni de los ciudadanos de menos ingresos, aún menos del Gobierno revolucionario. La reacción a esas medidas administrativas del Gobierno se expresa en forma de »inflación oculta«. Los precios no necesariamente suben más, porque son los anaqueles los que comienzan a vaciarse, para de esa manera establecer un equilibrio socialmente patológico entre oferta y demanda. Reina la escasez, porque no hay respuesta productiva. Una escasez que en Venezuela es reforzada por el comercio de contrabando fronterizo. Por otra parte, el mercado negro bachaquero florece, puesto que surge siempre que pasa lo mismo. Vive de forma parasitaria a costa del desequilibrio en la economía formal. En Venezuela se da con el agravamiento de que los empresarios se suman al contrabando intra y extrafrontera por motivaciones puramente políticas.

Es una guerra de guerrilla económica contra el Gobierno de la Revolución, en resumidas cuentas contra el pueblo. El desabastecimiento es una escasez inducida coyunturalmente. Sin embargo, es importante entender que la economía capitalista es la economía de la carencia. No de la abundancia. Por contradictorio que ello parezca.

La economía de la abundancia “ilimitada” traería el sistema de precios a la baja sin que se produjera el fenómeno deflacionario. La deflación es el coco de los capitalistas, ante el cual los consumidores tienden a abstenerse “tácticamente” de comprar, esperando que los precios sigan bajando, es un círculo mortal vicioso para los capitalistas. Prestemos atención que el oxígeno siendo un “bien” absolutamente imprescindible para el ser, no es susceptible de ser convertido en mercancía por el capitalista dada su “ilimitada” abundancia y su libre ilimitado acceso en el „aire”. Nada le haría calculable al capitalista su comercialización, al contrario de como hace, por ejemplo, con el embotellamiento y comercialización del agua para beber – un recurso manipulable – que la naturaleza nos aporta libremente. Alta capacidad de compra y abundancia de la oferta dan al traste con la economía de la carencia propia del capitalismo. El margen de ganancia en tales circunstancias tiende a cero y el precio mercantil a la baja (hasta el punto, indiquemos, de poner en entredicho la utilidad del propio dinero, según nos demuestra Marx). La carencia de dinero (su acceso condicionado por la oferta crediticia privada cara y los recurrentes bajos salarios de la economía privada) al lado de la escasez relativa de mercancías constituye la combinación perfecta del libre mercado que protege a los capitalistas.

En la actual “crisis económica” venezolana se pone al desnudo la economía de la carencia en tanto prerrogativa de la economía capitalista. El análisis del comportamiento del crecimiento económico, la inflación y el índice de escasez muestran correlaciones contradictorias. El índice histórico del PIB se ha incrementado desde 1999, “en términos percapita la producción promedio de los últimos cuatro años alcanza el 9% por encima de los últimos 30 años” antes del triunfo de Cháveziii. Sin embargo, el índice de escasez aumenta.

La oferta de dinero en divisas para la importación aumenta, pero la masa de productos importados no aumenta en proporción adecuada. La carencia persiste. Si se acude a los términos de intercambio TDI (terms of trade) para explicarlo es la economía privada venezolana dominante la que sale mal parada porque sencillamente no exporta, no por la tendencia a la baja del TDI (menores precios de la importación propia con respecto a los de importación). Según la economía política burguesa las exportaciones han de sufragar el costo de las importaciones. De acuerdo a este supuesto, una balanza comercial positiva sería la solución. En Venezuela sigue siendo la exportación petrolera la que cumple esa función. Sin embargo, un modelo de economía socialista no admite el criterio de la exportación como un juego de suma cero. Un superávit de exportación indica que la otra parte pierde. Ese es el dilema oportunista de las relaciones económicas inter-capitalistas, basadas en la competencia y el supuesto libre mercado. La economía socialista defiende el paradigma de la cooperación. El ALBA demuestra la posibilidad real del mismo. El modelo de economía socialista venezolano, por tanto, está llamado al desarrollo máximo de sus potencialidades productivas para el mercado interno. El intercambio comercial internacional se presenta como un factor para el desarrollo productivo propio.

Lo cierto es que todo estudio de factibilidad económica de las inversiones (productivas) en las condiciones del alza del poder de compra en el pueblo que crea la Revolución bolivariana arrojaría perspectivas de ganancias a los capitalistas a mediano y largo plazo. Pero los capitalistas venezolanos, conscientes de su posición oligólica en el mercado, no tienen porqué preocuparse por este juego maldito de las inversiones productivas. La perspectiva de un alza y sostenimiento alto de la demanda por las políticas socioeconómicas de la Revolución nada significa para estos capitalistas. No son variables en sus ecuaciones de expansión. El hecho está en el carácter comprador y especulador de la economía capitalista venezolana. Especulación en el mercado de bienes y servicios a la sombra de las “leyes” de la economía neoclásica y la especulación en el mercado financiero a la sombra del neoliberalismo se constituyen en doctrina. He ahí el estrecho horizonte materialista de la clase burguesa propietaria venezolana.

El hábito hace al monje. Habituada durante par de siglos a vivir de la renta del petróleo la burguesía no tenía porqué convertirse en burguesía nacional. Un proceso histórico distinto, por ejemplo, al de las burguesías dominantes europeas que entre luchas obreras y sociales de los pueblos tuvieron que tomar en cuenta el “interés nacional”. La burguesía venezolana es una burguesía anti nacional por su carácter de burguesía compradora. Cuando la renta del petróleo es socializada por la Revolución Bolivariana se le corta el cordón umbilical a esa burguesía viciada. El aparato productivo por ella creado era a la medida de su consumo como clase. Su capacidad de enriquecimiento y elevación parásita del nivel de consumo y vida estaba dado por la economía petrolera que controlaban. Tal era el grado de desvergüenza y desprecio por Venezuela que ese estatus era mantenido con la venta del petróleo a precios de remate situados en 10 dólares y menos el barril. Las ganancias que, a cambio de bienestar y lujuria compradora propia, le ofrecían a la burguesía extranjera principalmente estadounidense eran extraordinarias. Ahí tenemos a los EEUU con el 5% de la población mundial consumiendo el 25% de todo el petróleo que se comercia en este mundo. Esa ignominiosa política anti nacional, anti social de la burguesía venezolana es cortada por la Revolución Bolivariana. No solamente en cuanto a la socialización de la renta petrolera, sino además por su lucha exitosa de poner el precio internacional del petróleo en el nivel que la economía capitalista exigiría si fuera verdaderamente de libre mercado. La actual inducción política por los EEUU de la baja del precio de petróleo es sencillamente miope, porque el petróleo de esquisto es irrentable y ecocida.

Conscientes de que la Revolución Bolivariana pone coto al libre albedrío de la economía compradora, la burguesía y la oligarquía venezolanas deciden tomar el camino de la contrarrevolución. El ADN comprador los incapacita para pensar racionalmente incluso en términos de la economía capitalista que sigue siendo la economía venezolana. No asumen el reto de la revolución industrial que la Revolución bolivariana pone sobre la mesa. Para el vagabundo burgués comprador eso es muy difícil. Mejor echar el juego de la guerrilla económica a todo coste contra la Revolución con la esperanza de derrumbarla y permanecer en el primitivismo gamberro de la economía oligárquica parasitaria. Es así como aparece el instrumento de especulación “dolartoday” contra el que el Gobierno aún no ha podido. Es un instrumento economicista torpe y oportunista como torpe y oportunista es la burguesía venezolana.

El mercado negro “dolartoday” tiene fecha de caducidad. Es en realidad un mercado transparente. Todas sus costuras gruesas están a la vista. Creamos un dolar a precio paralelo para los capitalistas. La burguesía propietaria compradora se hará de dólares por cualquier vía menos la de “dolartoday”. Esa trampa está reservada para la llamada clase media tuerta por su prurito reaccionario contra la Revolución. No les importará, por ejemplo, pagar el doble por unas vaciones en el extranjero. Ahora el Gobierno les tira un salvavidas con el DICOM (a ello iré), puesto que pueden comprar el dolar para el consumo obviando el precio extorcivo de “dolartoday”.

Dolartoday” es un marcador de precio especulativo que funciona única y exclusivamente gracias a la economía de la carencia. Conseguidos los dólares a precios muy inferiores a los del mercado paralaleo marcados por “dolartoday”, los capitalistas pueden montarse la especulación de la importación. Los precios al consumidor de las mercancías importadas serán ajustados, en cambio,  por el marcador especulativo “dolartoday”. La inflación está así inducida. Por la sencilla razón de que los compradores oligopólicos mantienen la oferta de mercancías a la baja. El ciudadano venezolano está obligado a comprar los bienes de consumo y uso según ese marcador de precios, pues no tiene otra opción de mercado. El mercado está aprisionado por la burguesía propietaria compradora. La combinación de precios inflados por el marcador especulativo de cambio y la escasez por la baja relativa de la producción (con respecto al nivel de la demanda) es socialmente explosiva y económicamente calculable para los propietarios privados del capital productivo (y financiero).

La introducción del sistema de cambio de divisas DICOM ya nos dice que el marcador especulativo de precios “dolartoday” no es impactado. Por la sencilla razón no de la oferta competitiva monetaria, sino por su escaso poder ante la economía de la carencia. El precio del BsF según el DICOM anda sobre los 2600 bólivares por dolar. El marcador especulativo “dolartoday” se mantiene en sus nubes sobre los 8/9 mil BsF por dolar. Es así dado que no es un marcador del precio de cambio de la divisa (del precio del dinero), sino del precio de las mercancías al consumidor en condiciones de economía de la carencia. La burguesía propietaria compradora asiste a la subasta del DICOM para seguir obteniendo el dólar a un precio cuyo diferencial con el marcador especulativo de los precios al consumidor le asegura el juego sucio de la ganancia extraordinaria.

En estas circunstancias el Banco Central de Venezuela podrá medir la inflación ajustada al precio oficial del BsF marcado por el DICOM, pero ello no se corresponderá con la inflación real del mercado minorista, el mercado del consumidor, que permanecerá marcada por el instrumento especulativo de cambio.

La muerte del marcador especulativo “dolartoday” y la definitiva desactivación de la burbuja inflacionaria es posible e imperativa. Los pasos son tres: en el corto, mediano y largo plazo. El objetivo es una combinación tal de las acciones de Gobierno en el correlato de tales plazos que permita cortarle la cabeza a la hidra y proporcionar el reajuste estructural de la economía.

Nota

 Ver Parte II – “Ensayo por la Contituyente Econòmica. El Nuevo Modelo Econòmico”  

https://robertocobasavivar.wordpress.com/2017/07/10/ensayo-por-la-constituyente-economica-ii-el-nuevo-modelo-economico/

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iC. Marx y F. Engels “El Manifiesto Comunista”.

iiIbidem

iii Ver las investigaciones y análisis de la economista Pacualina Curcio file:///C:/Users/kassa/Downloads/desabastecimiento_e_inflacion_pascualina.pdf

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