“La economía es algo demasiado serio como para dejárselo sólo a los economistas”

Y cómo mejor darle al Gobierno revolucionario y al pueblo sino donde más le duele, en la economía. El papel, como sabemos todos, aguanta todo lo que se le escribe. Pero el pensamiento crítico revolucionario no aguanta todo lo que lee. Entonces, crucemos espadas por la Revolución Bolivariana con los economistas venezolanos de izquierda, y con ello pongamos en remojo las barbas de los cubanos.

No es el primer texto – base de esta crítica – dónde el economista venezolano Víctor Álvarez intenta la contaminación liberal de la economía bolivariana. Adjetivo de “bolivariana” la economía no para definirle una doctrina que aún no tiene – a ello iré – sino para subrayar que es una economía en revolución, debatiéndose dentro del corrupto modo de producción capitalista “venezolano”, en medio de la brutal lucha de la muy reaccionaria clase burguesa y oligárquica criolla por el poder político del estado que, ahora con la convocatoria aa Constituyente por el Pdte. N. Maduro, se exacerba porque ese estado amenaza con escapársele definitivamente de las manos.

En esa lucha de los economistas de “izquierda” contra la Revolución Víctor Álvarez nos viene con el cuento económico de Noruega. Qué mejor ejemplo que el del “capitalismo escandinavo/nórdico” que, según los frustrados apolegetas anti marxianos, es donde el postcapitalismo deveras se abre camino. Esa postverdad que nos viene a decir la mentira de que más allá del capitalismo lo que se adviene es una suerte de espacio socioeconómico y político desconocido. Sálvenos Dios de insinuar que el materialismo histórico marxiano nos identifica ese espacio como socialismo, es decir, la negación dialéctica del capitalismo.

Noruega le viene a Venezuela como anillo al dedo. ¿Qué hizo Noruega con el petróleo que no ha hecho Venezuela? – cuestiona con el título de su texto a Venezuela bolivariana el economista liberal Víctor Álvarez. Para su no solapado ataque al Gobierno revolucionario tira del cacareado Fondo Noruego de Petróleo. Señalo aquí de paso que la idea de este Fondo no ha sido blandida contra el Gobierno bolivariano sólo por Víctor Álvarez, lo hace también el economista venezolano auto considerado marxista Manuel Sutherland. Asumen el pensamiento liberal de la economía política burguesa que receta como pananceum el llamado instrumentario económico anticíclico: ahorrar en el periodo de las »vacas gordas« para tener cuando llegue el periodo de las »vacas flacas«. Como los precios del petróleo reponden a un comportamiento cíclico, según estos economistas, y como Venezuela depende del petróleo, la economía debería someterse a ese juego, cuya perversidad, asumen dichos economistas, no es de naturaleza política, sino puramente económica.

El petróleo no es una herencia sino una deuda con las generaciones futuras” – nos ilustra V. Álvarez. Aquí la elemental miopía económica liberal traiciona a este intelectual otrora revolucionario. Sencillamente, no hay tal deuda con las generaciones futuras cuando la renta petrolera se invierte en programas de desarrollo social y económico. Sin esas inversiones esas generaciones estarían endeudas como lo han estado durante todos los gobiernos de la república burguesa. Pero no contento con tan aviesa afirmación, nuestro economista acto seguido ataca: “Desde que apareció el petróleo en Venezuela, la dirigencia política ha demostrado su incapacidad para asegurar un uso inteligente de la renta petrolera”.

Obsérvemos lo que nos dice este economista, nada menos que el uso de la renta petrolera en la inversión social no es un uso inteligente de la misma. Qué dirigencia más poco inteligente esa dirigencia chavista. Desde Chávez hasta Maduro. Qué incapaces. Estos economistas de laboratorio pierden la noción de tiempo y espacio. El espacio es Venezuela, sumida en un atraso social que condena a no menos del 80% de la población a la subsistencia en la exclusión socioeconómica, la pobreza y la miseria. En un estado de indigencia socio-material colindando con uno de los sometimientos culturales neocoloniales más aviesos que conocemos en América Latina. El tiempo, es el que lleva la Revolución empujando la transformación de esa sociedad, apenas 18 años. Salvar la deuda social con el pueblo en ese espacio y ese tiempo es lo que define a la Revolución bolivariana como un proyecto humanista, un proyecto decididamente progresista.

El Fondo Petrolero Venezolano de la Revolución ha sido un fondo de activos sociales, no de pasivos económicos esperando por los ciclos que dicte la economía capitalista. En el tiempo de estos 18 años la transformación social del espacio venezolano rompe con todo el tinglado teórico-práctico de la economía burguesa a la que se sujetan como a una brocha gorda los mencionados economistas. ¿Cómo se le ve la costura gruesa al ataque contrarrevolucionario economicista?, pues cuando se constata que en la propia certidumbre del pensamiento económico burgués la educación y la salud, su decidida proyección cualitativa al conjunto de la sociedad, constituyen los filares del desarrollo económico de un país. En un país de analfabetos, famélicos y enfermos no hay desarrollo integral económico que valga. Pero he aquí que el ejercicio económico humanista de la Dirección de la Revolución bolivariana es propio cuasi que de incapacitados mentales para estos supuestos economistas.

El economista anti liberal – sin llegar a ser marxista – Rafael Correa, ex presidente de Ecuador y líder de la Revolución Ciudadana que saca a su país del círculo vicioso de la economía capitalista, atacado con el mismo argumento del fondo petrolero noruego anti cíclico, no dejaba sobre sus pedestales las cabezas liberales que lo increpaban. Vamos a ver, el páis está ante una necesidad alarmante de inversiones sociales, entonces decide guardar bajo el colchón un dinerito para cuando lleguen tiempos aún peores, calculando tener entonces con qué responder. Mientras tanto, teniendo esos fondos congelados, no se sabe, tendríamos que acudir a préstamos externos para avanzar las inversiones sociales y económicas que con urgencia necesitamos. De locos los economistas liberales burgueses.

Víctor Álvarez nos dice que no, que no hay que prestarse de nadie. “Los recursos del Fondo Noruego son invertidos en el exterior en bonos, valores, acciones, etc. y sus rendimientos son utilizados como recursos complementarios del Presupuesto Nacional”. De modo que los fondos ahorrados por la renta petolera los invertimos en el casino financiero esperando que siempre, como afirma ser en el caso de Noruega, rindan buenos dividendos. Y V. Álvarez invita a Venezuela a hacerse dependiente de un casino, cuya astronómica acumulación de dinero responde sólo en un 10% a la economía material del mundo. Ese otro 90% es dinero ficticio, especulativo, que mantiene a la economía mundial en estado de implosión latente. Este detallito no llama la atención a los economistas que pretenden dictar cátedra de economía al Gobierno bolivariano.

Y entonces, se concluye alegremente que a los inteligentes noruegos la jugada les sale porque “se cumple a partir de unas reglas muy rigurosas y estrictas que evitan la inyección súbita de la renta petrolera en la circulación doméstica, evitando así el círculo vicioso de sobrevaluación-inflación que caracteriza a la economía venezolana”. Lqqd – lo que queríamos demostrar, clamamos en matemática.

Estimados economistas liberales, la economía venezolana no se caracteriza por el “círculo vicioso de sobrevaluación-inflación” que Uds. le achacan. La economía venezolana se caracteriza por la corrupción del modo de producción capitalista rentista que aún pervive. No tenemos un modo de producción socialista en Venezuela. Venezuela, la sociedad, está bajo el maltrato de la economía capitalista. Esa que, Ud. bien lo conoce V. Álvarez, es propietaria de las capacidades productivas que generan más del 70% del PIB. Anteriormente esos capitalistas eran los reyes del mercado porque el mercado no era social sino absolutamente privado. Hecho a la medida del poder de compra de la clase burguesa y cada vez menos de la llamada “clase media” que se venía empobreciendo al golpe del enriquecimiento de las clases altas, aristocracia y oligarquía. Pero cuando la Revolución empodera socialmente a las mayorías preteridas con un poder de compra ampliado, resulta que esa economía de mercado capitalista rentista, incapaz de producir como Marx indica, se va rapidito a la especulación anti económica como su Dios mercado manda. La presión inflacionaria que desata el acceso del pueblo a la renta no deviene oportunidad inversionista – ni siquiera de poner al máximo las capacidades productivas instaladas – para los capitalistas venezolanos. Porque la economía capitalista venezolana ha sido y sigue siendo una economía compradora, según la caracterizara y definiera en términos de economía política ya hace mucho Marx. Venezuela ha cosechado el capitalismo comprador. Su burguesía apropiada del capital ha sido lo que sigue siendo: una burguesía compradora. Tuvieron y siguen teniendo el Minotauro petrolero a su favor. Lo que a todas luces dice que la revolución bolivariana aún no se radicaliza.

No es, por consiguiente, un problema de fondos petroleros. Venezuela, a diferencia de Noruega, invierte los ingresos de la renta petrolera en salud, alimentación, inversiones, vialidad y la creación de fondos para los venezolanos, como el Fondo Independencia 200, Fondo Simón Bolívar para la Reconstrucción Integral, el Asfalto y el de Empresas de Propiedad Social (EPS), además de las contribuciones al de Desarrollo Nacional (Fonden) y al Fondo Chino, por sólo indicar el espectro de los fondos venezolanos creados con el aporte de la renta petrolera, sin entrar en sus detalles. Lo que lastra la economía venezolana es un problema estructural. La renta petrolera no ha podido tener mejor uso que el que le está dando la Dirección de la Revolución, el Gobierno Bolivariano. Cuando llegaron las “vacas flacas” con la actual crisis de los precios del petróleo, inducida en esencia por los EEUU, el nivel de la inversión social en Venezuela no disminuyó. Recalquemos que se trata de inversión social y no gasto social, tal como asumen los economistas liberales. Es decir, es aquella inversión que está llamada a dar también los réditos económicos que necesita el país, recomponiendo el tejido social y desenvolviendo su capacidad educacional e intelectual de frente al desarrollo tecnológico de la economía.

Cuando la economista venezolana Pascualina Cucio demuestra en sus investigaciones y análisis el entramado de causas y efectos que desequilibran la economía venezolana, los economistas liberales tipo Álvarez o Sutherland hacen oídos sordos. No se atreven al debate de mérito. Persisten en sus elucubraciones sobre los ciclos de la economía de mercado y las recetas fondomonetaristas para atemperar los desequilibrios. Hablan de hiperinflación creada por el Gobierno bolivariano, a pesar que la inflación desmedida ha sido una característica de la economía capitalista pre revolucionaria. Sencillamente hacen coro al falseamiento de la realidad económica de Venezuela que promueven los centros de poder financiero con el FMI a la cabeza.

En su artículo “Venezuela’s Inflation – Zero Hedge Repeats the Errors Printed Ad Nauseam in the Financial Press” [La inflación en Venezuela – Zero Hedge repite hasta el cansancio los errores de la prensa financiera], Steve H. Hanke, renombrado prof. en economía especializado en el estudio de los fenómenos de la inflación y la hiperinflación – un fervoroso apologista de la trasnochada economía neoclásica y militante enemigo del proceso bolivariano en tal grado que el libélulo anti económico DolarToday lo tiene como referente para sus especulaciones – demuestra que en Venezuela no existe hiperflación. La tasa anualizada en el 2016 se comportaba realmente algo por debajo del 100%, habiendo tenido un pico de algo más de 800% para agosto del 2015. Este prof. de economía no se inhibe en indicar que en Venezuela la alta tasa de inflación es inducida por la especulación, en lo que viene a coincidir con los análisis de Pascualina Cucio. “A la prensa financiera no se le debe creer el 95% de lo que dice” – remata este estudioso.

“Una entidad de referencia que sigo – expone Hanke – como el Cato Institute usa los tipos de cambio del mercado libre (léase “mercado negro”) y el principio de paridad de poder adquisitivo (PPP en inglés) que se traducen en un estimado de la tasa de inflación altamente preciso”. Fijémonos que aún este prof. acoge en la ecuación la variable del precio del libre mercado, es decir, una variable no-explicatoria como la conocemos en economía matemática, no independiente, sino consecuente, dependiente. Es una variable dependiente puesto que el precio negro, el del llamado “libre mercado”, es producto de la especulación inducida, no del movimiento real de la economía. Aún así el cálculo de la tasa de inflación del Instituto Cato da un resultado muy lejos de la supuesta hiperinflación con que los mercados financieros atacan a Venezuela. Venezuela, no olviden, tiene que ser pase lo que pase un país de alto riesgo para los inversionistas (léase: prestamistas especuladores) extranjeros. Ha de tomarse nota que la introducción del sistema DICOM por el Gobierno venezolano incorpora un factor nuevo contra la especulación cambiara. De tal modo tendrá que variar la metodología de cálculo de la inflación venezolana del prestigiado Cato Institute, si es que quiere seguir siendo fuente de estimación “altamente precisa”.

Contrario a lo que ha pasado en Venezuela, el Parlamento noruego legisló para utilizar el excedente del petróleo como estabilizador de la moneda nacional y lograr una baja inflación” – nos cuenta poco menos que fascinado V. Álvarez. Vaya, el excedente de petróleo en función de la política monetarista liberal en su lucha contra la inflación. Toda la doctrina liberal de los Bancos Centrales capitalistas que vienen hundiendo hasta las economías de los países más desarrollados industrialmente. ¿Porqué no actúa así el Gobierno revolucionario de Venezuela venezolano?. Pues porque que así lo determina la incapacidad del “gobierno de turno para (poder así) gastar discrecionalmente la renta petrolera“, concluye avispado el economista V. Álvarez.

Víctor Álvarez continúa cuesta abajo en la rodada ya de tufo neoliberal. “Para evitar un impacto negativo, está prohibido invertir en compañías que operen en Noruega” – así elogia la política económica de dicho país. Vamos a traducirlo. Lo que se restringe es la inversión directa de capital (ID), es decir, la única que propicia el desarrollo tecnológico de las fuerzas productivas del país receptor, en nuestro caso, Venezuela. A cambio, V. Álvarez encomia la inteligencia noruega, “las inversiones deben ser realizadas en el exterior (…)”, vaya, en el casino financiero, ya que “solo los rendimientos de las mismas son los que pueden ser inyectados a la circulación interna para complementar el Presupuesto Nacional“. Toda una apología de nuestro economista a la inversión financiera especulativa. Con economistas amigos como estos, la economía venezolana no necesita economistas enemigos.

A los economistas liberales venezolanos se les tienen que escapar los detalles, si de Venezuela se trata. El Presupuesto Nacional venezolano se nutre en esencia de la recaudación impositiva de la economía real interna (ca. 90% en 2016). Estos recaudos vienen superando con creces los planes de ingresos fiscales del Gobierno. Puede asegurarse que la renta del petróleo constituye un ingreso extra al Presupuesto Nacional. Es un rubro de exportación que viene a sustituir la incapacidad de la propiedad privada capitalista venezolana, dominante en la producción, para generar las exportaciones del país. De ahí el uso intensivo de la renta petrolera en los programas de desarrollo social y económico.

El grado de manipulación economicista y especulación política de V. Álvarez es ofensivo contra la inteligencia ajena. “Si el propósito del Fondo (petrolero noruego) es asegurar que la riqueza petrolera asegure la calidad de vida de los pensionados y de las generaciones futuras, las inversiones deben estar en armonía con el desarrollo sustentable, la protección del medio ambiente y la responsabilidad social” – se explaya el economista. Bueno, el hecho es que la economía social venezolana que apenas se edifica viene a asegurar con la Revolución la calidad de vida de los pensionados que por primera vez tienen acceso a una renta de jubilación universal, independiente de lo que mal les aseguraría la dependencia al mercado capitalista de trabajo. ¿Y en cuanto a las generaciones futuras? El economista liberal nos dice que la inversión social nada tiene que ver con eso.

Más aún, estos liberales aseguran que la inversión del estado en la economía solamente genera déficit en sus cuentas, y esto sabemos, para el pensamiento liberal es pecado capital. El pan de hoy es siempre hambre para mañana. Vale la pena una leída del análisis deconstructivista de esta falacia económica burguesa que hace el renombrado economista marxiano Michał Kalecki. Cuando hoy el Gobierno bolivariano invierte en el desarrollo de las infraestructuras con recursos de la renta petrolera y acudiendo a su capacidad de endeudamiento (capacidad demostrada por el estricto cumplimiento de dichos compromisos con la banca internacional, sin que ello afecte los planes de desarrollo socioeconómico), eso es solo gasto insolvente del estado, y no una inversión de futuro para la economía y el desarrollo social de las próximas generaciones. El “keynesismo bolivariano” no tendrá nunca rating para las calificadoras de riesgo y los fondos buitres. El estado revolucionario está llamado a perecer por fuerza de las falsas leyes de la economía de mercado capitalista. La economía venezolana habrá de seguir bajo la bota de la propiedad privada del capital y su instinto especulativo de ganancia.

El capitalismo no cree en lágrimas. No hay fondos que valgan, salvo los de inversiones especulativas promoviendo cuántas burbujas, ciclos y crisis se les antojen. La economía de la Noruega de V. Álvarez – nos dice un informe encargado a un grupo de expertos por el Consejo Nórdico de Ministros de Finanzas ya en 2015 – “padece una suerte de enfermedad holandesa: un camarero cobra el doble de lo que ganaría en cualquier otro país de Europa, la productividad no avanza, el precio de la vivienda se ha disparado y el endeudamiento de las familias es altísimo. El propio gobernador del Banco Central noruego advirtió hace poco de los riesgos provocados por el desplome del crudo. Y con la vista puesta en el medio plazo recetó una devaluación salarial al tiempo que el Estado se ajusta el cinturón (recortes sociales neoliberales) con el fin de compensar el declive de los ingresos del petróleo”. El neoliberalismo, como en su retorno a América Latina, está ahí, sediento.

La economía venezolana está ante la imperiosa necesidad de un cambio revolucionario estructural. No es un cambio cualquiera. Es un cambio de paradigma político. Meterse de lleno en la senda de la revolución socialista. Hacia ese postcapitalismo que sabemos no puede ser otro que socialismo. El paradigma socialista no se consigue hirviendo los trapos capitalistas de la economía burguesa a ver si se desinfectan. El cambio significa la construcción de un nuevo modelo de economía, economía social, donde las leyes del mercado y la propiedad privada del capital dejan de funcionar bajo la lógica interna de reproducción del capital. A esas “leyes” se les suprimen las bases materiales para que mueran por asfixia irreparable.

La transición es de la economía soportada en la propiedad privada a la economía movida por la propiedad socializada. De la economía del capital a la economía del trabajo. De la economía del dinero a la economía de los recursos renovables. De la acumulación capitalista a la acumulación social de capital. Del crecimiento económico consumista al crecimiento equilibrado y sustentable ecológicamente. La transición es del capitalismo al socialismo, tal como puntualiza el líder de la Revolución H. Chávez; puesto que “la economía política tiene que abarcar la economía social” (les aclara Chávez al pueblo y a los economistas – discurso en Maracay 2009).

Ese es el horizonte en que debe proyectarse el pensamiento económico revolucionario creador, por el socialismo. No es la lucha por domar los ciclos del capitalismo, la lucha es por eliminar la economía burguesa, por cambiar el modo de producción e intercambio capitalista. De ahí la importancia de la Constituyente convocada por el Pdte. N. Maduro. No puede ser otra que una Constituyente por el Socialismo.

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