“Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz” – nos alumbra y conmina José Martí, imbuido como lo estuvo del espíritu libertador bolivariano.

Se ciernen sobre Venezuela los más oscuros nubarrones que la oligarquía, la burguesía propietaria criolla y las de la América Latina por las propias falanges capitalistas flagelada, aupados todos por el rostro grosero del monroismo gringo y las manos tintas en sangre del Pentágono, podían empujar y de hecho lo hacen con licencia para matar.

Hoy leo sobre las declaraciones de la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, para el libélulo reaccionario de las oligarquías yanquis el Wall Street Journal, en contra de la Constituyente. Todavía el pueblo venezolano está esperando – a lo que no ha dejado de hacer certera alusión Mario Silva en su afilada Hojilla – el reconocimiento público de la Fiscal de que el “hilo constitucional” no llegó a ser quebrantado dado también por el sabio llamado del Consejo Moral de la República al Poder Judicial, después que muy presta la Fiscal denunció su ruptura sin la menor responsabilidad política de la cual no está librada. Estas nuevas declaraciones de la Fiscal vienen a tono con las de voceros del Senado yanqui de que el llamado a la Constituyente es un golpe de estado.

La oposición neofacista de la derecha tiene en la Fiscal General de Venezuela y en la Casa Blanca del “Norte revuelto y brutal” (J. Martí) dos voceros políticos que animan a la guerra subversiva contra el pueblo y la nación venezolana. No podemos exigir un comportamiento pacífico y legal de los ciudadanos si el Estado toma decisiones que no están de acuerdo con la ley” – dice la Fiscal L. Ortega en claro descrédito al Presidente de la República Nicolás Maduro y los ingentes esfuerzos de su Gobierno por mantener la paz y su glorioso apego a la Constitución y leyes que la misma refrenda. Lo hace la Fiscal en abierta legitimación de la violencia terrorista de la derecha golpista en el país.

No es necesario derramar tinta negra sobre la derechona sempiterna venezolana. Sobre su aullido de guerra. La lucha de clases – como ha recalcado revolucionariamente Diosdado Cabello al tomar la palabra en el acto del Presidente N. Maduro para la firma del Decreto por la Constituyente – no es el cuento de camino que las burguesías del mundo le han querido achacar a Marx para confundirnos en la toma de conciencia como “clase en sí y para sí” de la que la burguesía sí tiene conciencia de clase. “Claro que existe la lucha de clases, y la estamos ganando nosotros” – declara eufórico con el fin de la historia en su cabeza anunciado por el ideólogo derechista norteamericano F. Fukuyama tras la caída del muro de Berlín, el mulitibillonario estadounidense Warren Buffett.

La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna” – Manifiesto Comunista.

Todo está claro. La Revolución Socialista bolivariana no tiene hoy derecho a subsistir como no tuvo derecho a ser transmitida en sus comienzos. Es la sentencia de los poderes fascistas que desde los EEUU pretenden revertir la agonía del mundo multipolar que ya les cae encima. Es el pataleo de la clase burguesa venezolana por impedir el progreso civilizacional que demanda la clase trabajadora, que demanda el pueblo habiendo estado históricamente bajo la bota del capital, del capital privado!. Ese pataleo frenético que apuesta por el “hundimiento de las clases en pugna” si es que no puede ganar la lucha esa clase burguesa retrógada que representan. O todo o nada. Incendiemos Venezuela. Que el fascismo corriente nos ampare y nos favorezca.

La Revolución Bolivariana Venezolana ha abogado por una Constituyente Socialista. Y los que justamente han sabido hacer esa lectura son la burguesía, la oligarquía y el patrón imperialista del Norte.

El Comandante y Presidente, Padre Fundador de la República Bolivariana, Hugo Chávez Frías, no dejó dudas sobre el trayecto hacia la Constituyente Socialista. Salir del interregno que definió A. Gramsci fue la divisa revolucionaria de ese visionario dialéctico que ha sido Chávez. La revolución bolivariana desencadenó una revolución social heroica en el más rancio orden burgués de América Latina, bañado en sangre, sudor y lágrimas en la fase onerosa de la IV República. Pero esa revolución no removía, no remueve los cimientos del carcomido pero arraigado estado burgués. Desencadenó un proceso de empoderamiento revolucionario del pueblo a través del desarrollo de poderes alternativos – las comunas, las misiones sociales, los colectivos urbanos, ahora los CLAP y las milicias populares. Pero todo en ese “interregno donde la crisis precisamente consiste en que el viejo estado no acaba de morir y el nuevo no acaba de surgir. En ese interregno una enorme variedad de síntomas mórbidos aparecen” – sentencia Gramsci en sus Cuadernos de la Cárcel con agudeza magistral del sentido histórico. Son arenas movedizas de las que se requiere salir si no se desea la sepultura en sus profundidades contrarrevolucionarias. No es casual tampoco que el Presidente N. Maduro ahora, igual que el Presidente H. Chávez entonces, haya aludido al legado del pensamiento filosófico y político gramsciano.

Es en ese interregno en el que la burguesía, la oligarquía y sus amos imperialistas ven la oportunidad de imponerse por encima de la voluntad de progreso humanista del pueblo venezolano y sus fuerzas revolucionarias. A ese interregno apelan las voces de las “izquierdas cobardes” que desde plataformas políticas como Marea Socialista acusan que la Constituyente es un ataque al legado de H. Chávez. A ese interregno apuesta la Fiscal de la República cuando declara que la Constitución Bolivariana de Chávez es inmejorable (sic). Desconocer que el valor político trascendente de la Constitución de 1999 auspiciada por el Presidente H. Chávez radica en la dialéctica revolucionaria de su espíritu democrático es no entender o mal entender las razones de la propia evolución socio-humana. A esa antidialéctica del pensamiento y la práctica apelan las izquierdas quinta columna y las voces que desde los poderes de la República imaginan un orden constitucional dentro los moldes del republicanismo burgués.

La Constituyente Socialista Bolivariana convocada por el Presidente N. Maduro apunta al Estado Comunal protagonizado por obreros, campesinos, productores libres y ciudadanos emancipados. Retoma el sentido de la modernidad civilizatoria social que anidó en el orden comunal de la sociedad. Es decir, en la historia escrita. “En 1847, la historia de la organización social que precedió a toda la historia escrita, la prehistoria, era casi desconocida. Posteriormente, Haxthausen ha descubierto en Rusia la propiedad comunal de la tierra; Maurer ha demostrado que ésta fue la base social de la que partieron históricamente todas las tribus germanas, y se ha ido descubriendo poco a poco que la comunidad rural, con la posesión colectiva de la tierra, ha sido la forma primitiva de la sociedad, desde la India hasta Irlanda. La organización interna de esa sociedad comunista primitiva ha sido puesta en claro, en lo que tiene de típico, con el culminante descubrimiento hecho por Morgan de la verdadera naturaleza de la gens y de su lugar en la tribu. Con la desintegración de estas comunidades primitivas comenzó la diferenciación de la sociedad en clases distintas y, finalmente, antagónicas. He intentado analizar este proceso en la obra “Der Ursprung der Familie, des Privateigentums und des Staats” (El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado)” – nos explica en una educativa nota F. Engels a la edición inglesa de 1888, apegada al materialismo histórico marxiano.

No os asombréis de nada” venezolanos, revolucionarios de la América Nuestra, pues hay una que no es nuestra (J. Martí), revolucionarios del mundo. La guerra de la burguesía contra la Constituyente Socialista, contra el alba del Estado Comunal será cruel. “Nada puede contra el instinto de conservación amenado” – también nos advierte Martí, para decirnos que la lucha bolivariana no es por el “hundimiento de las clases”, sino por la desaparición del estado clasista a la que nos conmina Marx. Esa es la condición sine qua non para la paz social, la convivencia humanista y el progreso civilizatorio.

Y tú, Cuba, empínate! Que la revolución socialista no se haga esperar. La sinergia revolucionaria es la fuerza transformadora que la América Nuestra necesita.

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