Civilización – significa la superación del capitalismo. La superación de  la última fase de la pre historia humana. De cualquier modo significa la muerte del capitalismo, en última instancia por muerte natural. El orden antinatural de las cosas no tiene razón de ser. A menos que sea impuesto, como ha resultado ser, a sangre y fuego.

Cuando las personas de la civilización anglo-europea llegaron al “nuevo mundo” sufrieron un trauma que desencadenó en ellos el frenesí de la expropiación y la violencia. Fácil botín. El dominicano Fray Bartolomé de las Casas nos dejó una estremecedora confidencia sobre lo que hicieron los “descubridores” con la cruz en una mano y la espada en la otra.

Esa gente se encontró con algo en las poblaciones locales menos “desarrolladas” que superaba sus mentes. Las personas vivían en comunidad. La reacción fue llamarles seres primitivos.

¡Queremos comprarles tierras! ¿De qué se trata?, aquí no hay “propietarios” de tierras. Ella es la madre naturaleza, vivimos con ella en simbiosis, no pertenece a nadie.

¿Quién es el jefe? Aquí no hay jefes, sobre la vida en comunidad decidimos juntos, vamos, democráticamente.

¿Cómo comercian? Aquí no se comercia nada. Compartimos.

¡Qué gente esta más primitiva!

Marx caracterizó esa civilización como “comuna natural”.

El materialismo histórico muestra la evolución de la civilización desde ese estadio hasta el estado actual de retroceso humanista. Justo una involución. En la medida que se desarrollaba la necesidad de la reproducción social se desarrolla el mecanismo de la propia extinción humana. El desarrollo de los modos de producción e intercambio, desde el esclavismo y el feudalismo hasta la culminación del subdesarrollo humano que se alcanza con el capitalismo condicionan la transformación del homo sapiens en su negación: el homo oeconomicus.

La filosofía idealista subjetiva que daba argumentos a la esperanza de los creyentes en el templo del capitalismo formó la concepción de “post capitalismo” como el estadio subsiguiente civilizatorio. Un estadio que venía a encajar con la idea del post modernismo. Esos filósofos aceptan implícitamente que se necesita salir de la era capitalista si es que queremos subsistir y seguirnos desarrollando como género humano. Así traspasamos también entonces la época del modernismo. De manera que ante nosotros aparece un espacio vacío indefinido, el “post”.

Marx se sonríe. El miedo a asumir que ese espacio se define como socialismo paraliza las mentes de los constructores del capitalismo. La rueda de la historia es sin embargo implacable, gira como en una espiral ascendente. El estado de la nada no existe en la física. Con el “post” lo que en verdad surge es un parteaguas que nos adentra en algo nuevo, realmente superior. Es así por cuanto lo que se impone es el instinto de conservación de la especie.

El capitalismo muere, ya lo está haciendo en tortuosa agonía. La senda del desarrollo de las relaciones sociales de producción e intercambio conduce inevitablemente al socialismo. Es un estadio en movimiento dialéctico. Un estadio de desarrollo de la civilización conducente al comunismo. La espiral cierra un círculo virtuoso. Entramos entonces en la era de la comuna desarrollada. Es el regreso a las raíces del humanismo.

No hay miedo. El siquiatra chileno Claudio Naranjo nos enseña cómo curar las heridas de la infancia de forma que no nos atormenten por el resto de la vida. Esas cicatrices que ha dejado en nosotros la infancia de la civilización no son eternas. Una lectura obligatoria. Por supuesto con Marx en la mesita de noche, puesto que “los filósofos – nos recuerda el hombre de Tréveris en su revolucionaria Tésis nr 11 sobre Feuerbach – hasta ahora sólo han hecho interpretar el mundo, y de lo que se trata es de cambiarlo”.

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