The victory of Donald Trump: bankruptcy of the Washington Consensus. An unprecedented change of perspectives for both the US and the world.

The possibility of transitioning to a multipolar world order without breaking the thread of the Sword of Dámocles increases dramatically with the election of D. Trump. The chance of moving the prospect of the conflict in the Middle East, created by the hawks of Imperialism that now combat D. Trump, towards a path containing a political solution, becomes real. The devaluation of the Washington Consensus, of the neoliberal dystopia and of the new cold war which with suicidal fervor aims to heat up NATO, becomes conceivable with D. Trump’s election. The prognosis of a Copernican revolution of the world that the transatlantic imperialism wanted us to believe in, is uncertain in the face of all the forces which aren’t accepting the end of what should’ve been the American Millennium. The failure of Mr. Trump’s political management would be a failure not only for the Americans, but for the world.

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H. Dieterich connotado enemigo de la Revolución Bolivariana y de las clases trabajadoras de las Américas produce libelo tras libelo en su enajenación ideológica derechista. Fiel oráculo de las teorías de la conspiración contra todo lo que asome progresista delira contra la elección de D. Trump en ininteligibles panfletos preñados del más puro espíritu alemán hitleriano. Un 50% de los votantes norteamericanos no fue a votar porque entendieron bien al monstruo neofascista Trump – así se empeña en inyectar Dieterich el summum de su obtuso intelecto. Y resulta que la abstención ha sido una de las menores en la historia de las elecciones presidenciales estadounidenses, caracterizadas por una media de 35% de asistencia a las urnas.

Defenestrado en las filas de su propio partido por el único partido dominante, el de la oligarquía imperialista que domina los EEUU, debido a su línea política dentro del progresismo socialista liberal, B. Sanders declara que “la victoria de Trump ha sido una vergüenza para ese partido, cuyo mensaje para la clase trabajadora dejó definitivamente de ser creíble”.  La mayoría trabajadora de la working poor class , esa clase trabajadora eternamente excluida y empobrecida, votó no por promesas electorales, sino por una visión alternativa de desarrollo capitalista: el regreso a la economía real – la producción y el empleo. Esta línea programática fue crucial y sostenidamente argumentada por D. Trump y caló en esa clase trabajadora norteamericana no sólo blanca, puede decirse que por primera vez de manera consciente.   

Estamos en presencia del aviso de muerte al Consenso de Washington.  Es uno de esos momentos que marcan un antes y después en la historia. Al amparo de ese llamado Consenso de filiación ultraderechista Reagan y Thatcher desencadenaron el neoliberalismo como toda una ideología en contra de las clases trabajadoras y de las sociedades estadounidense, latinoamericana y europea.

Todo observador político serio no puede inadvertir los dos elementos que componen la visión del pragmatismo  socioeconómico en Trump: la reindustrialización de la economía norteamericana apoyado en un programa de inversión en la infraestructura del país – en la vialidad (carreteras, puentes y vías férreas), en la canalización  (las grandes ciudades están corroídas por debajo), así como de hospitales y escuelas. En esta ruta se inserta la anunciada revisión de los tratados de libre comercio como el NAFTA que han destruido cientos de miles de puestos de trabajo tanto en EEUU como en el propio México y ha causado una profunda depauperación de la clase trabajadora, mientras que las corporaciones norteamericanas se han enriquecido en la jugada. Ahora mismo ya se alzan voces políticas en Canadá de lo desventajoso que ha sido el NAFTA también para ese país.  En ese mismo espíritu Trump ha cuestionado el tratado TPP que la vergüenza negra Obama ahora se apresta a firmar aceleradamente antes de entregar la Presidencia.

La idea del regreso al sendero de la economía real lleva a Trump a pronunciarse por el restablecimiento de la Ley Glass Steagall. Bajo el gobierno neoliberal de B. Clinton fue suspendida una ley que venía de la experiencia del crash de 1929, para volver a favorecer al capital financiero. Con esa suspensión del Glass Steagall Act se da el pistoletazo de avalancha a la financiarización especulativa de la economía estadounidense. A ello se une la federación de bancos privados que funge como Banco Central, la FED. La desenfrenada flexibilización cuantitativa de la FED  a favor de los bancos de inversión así lo demuestra. En ese acto en pro de la economía virtual anidan las premisas de la crisis que conmociona al capitalismo en 2008 y que dura hasta nuestros días (una reptante recesión de la que no sale). El saldo ha sido millones de trabajadores desempleados o en situación de precariedad laboral, crisis sociales devastadoras en EEUU y países de Europa por el contrataque del capital financiero sobre las deudas públicas de dichos países. Con el aviso de volver a separar las funciones de inversión (especulativa) y crediticia de la banca comercial se anuncia el soporte financiero  a la producción y el empleo. Este posicionamiento de Trump habla de una visión crítica  al capitalismo de casino que ha hecho del sector inmobiliario una palanca de la ganancia y la acumulación a todo coste, esencialmente al costo del trabajo. Y no debe pasarse por alto que es precisamente en este sector inmobiliario donde ha hecho fortuna el hoy ya Presidente de los EEUU. Puede vaticinarse que con el voto a Trump se ha votado por el fin de la era neoliberal. ¿No lo sentirá así todo el movimiento Occupy Wall Street y los cientos de miles de indignados contra el 1% en todo los EEUU?.

El pánico de la oligarquía imperialista asociada en el complejo militar industrial y el bastión bancario financiero habla con bastante claridad de que Trump no pertenece a esa oligarquía. Nunca ha pertenecido. Si esto no se entiende, no se entiende lo que significa Trump como alternativa a ese poder imperialista. Ha de prestarse atención cómo D. Trump arruina el clan económico-político todopoderoso republicano de los Bush en las primarias y decapita al clan político vehicular demócrata de los Clinton en las presidenciales.  La Casa Blanca se queda sin marioneta incondicional como la saliente “esperanza negra” con un Noble de la Paz entre las piernas.

El acento que dentro de la línea política de Trump tiene su condición de multimillonario díscolo, no comprometido con la oligarquía imperialista que domina los EEUU, es su sostenida opinión como fiel exponente del pragmatismo conservador político estadounidense sobre el restablecimiento de relaciones normales con Rusia. Esto ha hecho saltar la alarma (corred a los bunkers) en todo el establecimiento guerrerista trasatlántico, el Pentágono y la OTAN. Sin estos dos pilares del poder no tendríamos a los EEUU como el imperialismo en que llegó a convertirse. Un imperio que ha entrado en fase de decadencia una vez agotados – afirmo – los caminos de la acumulación de capital imperialista. La huida hacia adelante con la financiarización de la economía era ya el síntoma más fehaciente de esta crisis estructural. De esa decadencia  daba cuenta el ya fallecido eminente sociólogo y economista italiano G. Arrighi, quien expresaba: “los EEUU son una potencia en declive, el problema está en si serán capaces de administrar racionalmente su caída”. Todo indica que la alternativa que D. Trump representa apunta a ese sentido.

El pensamiento económico racionalista expuesto por D. Trump enfrentará dilemas recios. El primero de ellos está en la idea de disminuir los impuestos a corporaciones y las personas físicas, buscando el efecto combinado de la demanda efectiva interna y el estímulo inversionista. Sin embargo, el único precedente de activación económica y crecimiento del PIB con beneficios a los trabajadores que conocemos en los EEUU corresponde a la llamada época dorada entre la post guerra y el asalto a Breton Woods en 1973, época durante la cual la política tributaria se hizo progresiva.  La carga impositiva general (tax burden)  llegó a cerca del 70%. La racionalidad económica hace pensar que la disminución de los impuestos ha de ser recompensada por ingresos de otras fuentes si es que se habla en serio de la recuperación inversionista de la industria doméstica. Dado el pronunciamiento de Trump sobre el pesado costo para la economía norteamericana de la política guerrerista estadounidense (más de 5 billones de dólares – superior al PIB de Japón, la tercera economía del mundo, malgastados en las guerras de agresión y subversión en Afganistán, Irak, Libia, Siria, tal como denuncia Trump) cabe esperar que la salida de los EEUU de esa espiral de gastos de guerra sea una fuente de ahorro con la que contar. La situación se torna cuasi imperativa ante las señales que China ha enviado con la venta de bonos de la reserva de los EEUU. Hay en ello una negativa geoestratégica china a la continuación del financiamiento del presupuesto de guerra imperialista de los EEUU.

La alternativa al gasto de guerra para el gobierno de Trump está en sumarse a la cooperación en el megaproyecto económico de Eurasia (nueva Ruta de la Seda por medio) que impulsan China Y Rusia – tal como hace ya varios decenios viene fundamentando el nada socialista Lyndon laRouche[i], demócrata, economista y vilipendiado también por su partido. 

El segundo dilema está en el abordaje del programa de inversión en la recuperación de la infraestructura del país. El punto de apoyo de la palanca lo ha ofrecido audazmente el incansable B. Sanders con su declaración de colaborar con Trump en el programa de inversiones. El calificado equipo de economistas de B. Sanders alberga la propuesta de hacer de ese programa un programa de inversiones públicas. La idea es apoyada por el reconocido economista y antiliberal M. Hudson. La alternativa neoliberal está en ofrecer ese programa de inversiones a Wall Street. El programa sería de inversiones público-privadas con el acento en el segundo componente. La privatización de las concesiones y el costo especulativo de las inversiones enriquecerían a las corporaciones privadas del sector y defalcarían las arcas del estado. D. Trump se encuentra ante una decisión crítica que develará su real intención de cambiar las reglas del juego de la corrupción neoliberal en pro de la economía real.

Todo el establecimiento imperialista norteamericano perdió la batalla despiadada, no la guerra, que armó contra D. Trump. El hoy Presidente tendrá que enfrentar a toda esa oligarquía fuera y dentro de su propio partido, así como a las grandes corporaciones mediáticas que trataron en vano de vender la imagen del asqueroso sexista, misógino, racista y xenófobo Trump. No dudaron, nada menos que el NYT en sacar el trapo sucio de unas expresiones machistas de hace 12 años de D. Trump sin que les importara el grado de cinismo propio en un país donde el Presidente B. Clinton  – a quién estos medios apoyaron con su corrupta Fundación en la campaña por su vejada y alienada esposa – estuviera a punto de impeachment por el escándalo sexual explícito en la Casa Blanca. Los votantes no le dieron calor a toda esa falsa bandera. Las mujeres luchadoras por la igualdad del trabajo, también las negras,  votaron por Trump. Los afroamericanos y los latinos votaron por Trump en estados tradicionalmente enclaves de los demócratas. Carolina del Norte y la Florida destacan entre ellos.

El famoso “muro” para la frontera con México a quiénes en realidad puso en pánico ha sido a la oligarquía corrupta mexicana que ha hecho de México un narco-estado en bancarrota. La masiva emigración de mexicanos a EEUU en su mayoría ilegal ha sido una válvula de escape para esas oligarquías mexicanas depredadoras que en nada les importa la suerte en suelo propio de millones de mexicanos en la pobreza, la miseria y la exclusión más generalizada. Ha sido el afroamericano Obama quien ha deportado a 2.8 millones de indocumentados y el mundo ha permanecido en silencio. La regulación de la migración ilegal es un problema para cualquier estado. Ahí está la hipocresía de esa oligarquía norteamericana que ha mantenido por decenios la ley “Pies mojados y Pies secos” contra Cuba. La hipocresía de la UE levantando sus propios muros contra los refugiados y emigrados económicos que ha ayudado a crear con su apoyo a las guerras imperialistas de los EEUU sobre lo cual no ha dudado en hablar d. Trump.

La reacción ante una derrota política histórica de las fuerzas del mal que amamantan al Imperialismo no se ha hecho esperar. La clase media acomodada en su sempiterna posición reaccionaria alentada por figuras como M. Moore, R. de Niro, la propia H. Clinton con sus destempladas acusaciones contra el FBI y la de todo el espectro de lo políticamente correcto agitan por un verdadero golpe de estado al mejor estilo del Maidan Ucraniano. Ese es el golpe ante el que cierran los ojos los  emisarios del imperialismo siempre dispuestos a ejecutar a los carteros como los Dieterich & Cia.

En la UE del capital el corrupto Jefe de la anti democrática CE Jean-Claude Juncker  con desaliñado cinismo declara que la UE tiene que educar a Trump sobre cómo funciona esa supuesta Unión. Millones de excluidos en la UE pueden explicar en qué consiste dicho engendro gobernado por la oligarquías de siempre y el ejército de sus lobbistas empleados a tiempo completo. Pregúntese a griegos , españoles o portugueses qué opinión tienen al respecto.

Las voces más destacadas de la izquierda latinoamericana, sin qué decir de la europea, se han alineado con raras lúcidas excepciones a la campaña de la oligarquía imperialista contra la elección de D. Trump. La descomposición ideológica y política de esas izquierdas expone el grado de deterioro de las luchas anti imperialistas y anti capitalistas en América Latina y la UE, donde toman renovados espacios las derechas seguras de sí mismas. En Polonia el grado de descomposición de dichas izquierdas ha salido a la luz con inusitada crudeza ante la elección de los norteamericanos. Una sociedad y sus gobiernos hundidos en un profundo avasallamiento ideológico , económico y social está viendo que su pro-norteamericanismo, su alineamiento  con la OTAN y su esquizofrenia anti rusa  caen en baño de maría. El shock está siendo casi traumático.

La posibilidad de que el tránsito hacia el mundo multipolar se dé sin que quiebre el hilo de la Espada de Dámocles con la elección de D. Trump aumenta dramáticamente.   La perspectiva de que el conflicto en el Medio Oriente creado por los halcones del Imperialismo que hoy combaten a D. Trump pueda montarse en una ruta de solución política se hace real. La devaluación del Consenso de Washington, de la distopía neoliberal, de la nueva guerra fría que con afano de suicidas ha tratado de calentar la OTAN se vislumbra posible con la elección de D. Trump.

El pronóstico de un giro copernicano en el mundo como nos lo ha hecho creer el Imperialismo trasatlántico es incierto por todas las fuerzas que se oponen al fin de lo que quiso ser  por segunda vez en la historia contemporánea un otro milenio imperialista, el norteamericano. El fracaso de la gestión presidencial de D. Trump sería un fracaso no sólo para los norteamericanos, sino para el mundo. 

Varsovia, noviembre 2016

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[i] Controvertido político norteamericano, cuatro veces pretendiente a la candidatura presidencial por el Partido Demócrata, combatido por propios y ajenos en la política estadounidense, conocido por sus posiciones reaccionarias contra la Revolución Bolivariana y su líder H. Chávez, por lo cual hube de sostener en su momento una aguda polémica con el mismo, la cual decidiera posteriormente publicar en las páginas de su Executive Review. Uno de los pocos economistas que vaticinó la explosión de la crisis de la economía norteamericana en 2007/2008. Serio argumentador de la necesidad para la reindustrialización tecnológica de los EEUU de su incorporación al entonces en ciernes megaproyecto económico de Eurasia. Partidario de la restitución de la Ley Glass Steagall.

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