Están ante las elecciones presidenciales que pueden significar un ante abominable, o un después racionalista para bien propio y el equilibrio del mundo multipolar que viene naciendo.

Si los norteamericanos decidieran entrar en el s. XXI, sería entonces con Trump. Según lo analizado por el ya fallecido eminente sociólogo y economista G. Arrighi la situación es definitivamente una: “USA son sin duda una potencia en declive, el problema está en si sabrán administrar racionalmente la decadencia”.

Trump por supuesto no está “loco”  – así lo intenta vender en el peor de los marketing políticos la oligarquía en el poder de los USA. Esa que D. Eisenhower oportunamente denunció como un peligro para los USA y el mundo: el complejo militar industrial, ahora ya también financiero.

La loca es H. Clinton (sin comillas ni remedio) – y muy peligrosa. Enajenada mental, de muy baja capacidad intelectual, halcón guerrerista y como tal arquitecta de la desintegración de Libia y el surgimiento del DAESH (ISIS). Aliada – junto al ya casi expresidente Obama – de la Hermandad Musulmana,  fragua de todos los líderes yijadistas de extrema. Detrás de ella está directamente la Fundación del debilucho inmoral y belicista esposo y expresidente B. Clinton, financiada por Arabia Saudí y Qatar, los principales protectores junto a Turquía del ISIS en el Medio Oriente. Como político altamente corrupta según no dejan dudas su correspondencia (emails) hecha pública por Wikileads. Para los patrones de patriotismo estadounidense, una traidora de los intereses nacionales con muchas excusas y  pretextos, pero sin ningún asidero moral ni legal. 

Trump – da un vuelco racionalista a la filosofía política imperialista de los EEUU en relaciones internacionales.  La oligarquía en el poder no lo puede dejar que llegue a la Presidencia de los USA. Los EEUU han de dejar su política guerrerista en el mundo. La democracia norteamericana no es mercancía exportable. Han de retomar la idea del “aislacionismo racional” en busca del fortalecimiento de la economía y el potencial industrial de los EEUU. Para ello debemos encontrar el camino de la colaboración internacional política y económica con Rusia y China. Así define su pensamiento político desde  el más puro pragmatismo estadounidense. En política exterior se ha rodeado de dos voces muy calificadas y nada belicistas.

Esa es la esencia que viene definiendo el magnate y no poco excéntrico D. Trump  en su línea política programática

Trump – en materia económica ha puesto puntos sobre “íes” que los oligopolios corporativistas no pueden escuchar. El regreso a la ley Glass-Steagaal es un giro copernicano a la economía de casino patrocinada por la FED y WallStreet. EEUU necesitan rehabilitar el trabajo, la economía real, especialmente en inversiones en la infraestructura y la participación en los megaproyectos económicos que adelantan en Eurasia Rusia y China – algo por lo que viene abogando hace varios decenios el científico, economista, 4 veces precandidato presidencial por el Partido Demócrata y consuetudinariamnete defenestrado por propios y ajenos, por los Tirios y Troyanos del establecimiento yanqui, Lyndon laRocuche.  Acabar con los tratados de libre comercio con los cuales esa casta oligárquica se ha enriquecido a costa de la clase trabajadora norteamericana. Este  pronunciamiento le da, según M. Moore, amplia aceptación en los 4 estados obreros de los EEUU hoy en franca bancarrota.

Trump no se debe al poder de Wall Street, al contrario tendría que lidiar fuertemente con el mismo. Como multimillonario e individualista constituye un electrón libre, difícil de manejar por la casta que ya lo abomina.

Una vez defenestrado de las primarias S. Bernie por el establisment oligarca con la ayuda del propio Partido Demócrata, ahora se concentran en la eliminación del candidato D. Trump del Partido Republicano. La oligarquí ha decido que su instrumento es H. Clinton.

Hillary la loca –  no tiene idea sobre la economía ni cultura en la materia. Marioneta de Wall Street y los grandes bancos inversionistas (especuladores) norteamericanos. La Loca para todo lo que le conviene a ella y a la todopoderosa oligarquía yanqui y todo lo que no le conviene al norteamericano de a pie.  Rodeada de la mediocridad del establecimiento político e intelectual de los EEUU. Los que ya la pseudo aconsejan y fungirán de consejeros o ministros en su eventual gabinete, nombrado por la gran banca, de la misma manera que fue nombrado el gabinete de Obama.

El establecimiento económico político y mediático norteamericano que tira del poder fáctico – ya sabemos – está listo para falsificar las elecciones presidenciales. La apuesta es por la disputa de un nuevo poder. 

Trump ganaría las elecciones presidneciales sólo ante el mayor acto de desobediencia civil de la sociedad norteamericana en más de un siglo.

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