Es el capitalismo, no os asombréis de más nada – II

En apenas setenta años cae todo el edificio socialista eurosoviético, cae el chino, el vietnamita y está pasando a la historia el cubano en una ciega marcha tras el capitalismo. Pero son doscientos años que el capitalismo, el sistema de relaciones sociales de producción capitalista, depreda la humanidad y el planeta. No es alguna fuerza divina de la naturaleza a la cual pedirle la justeza de la distribución y el cuido de la tierra. No basta el pensamiento ecologista al cual nos convidan, no sin verdes razones, desde Naomi Klein en la lucha sindicalista de los trabajadores hasta el Papa Francisco en la lucha ecuménica por los pobres. Las razones de fondo siguen siendo rojas. Es la reproducción capitalista de la materialidad de la vida la que diezma las comunidades y hace de la naturaleza un basurero apocalíptico.

Son dos siglos en los que la clase burguesa apoderada del capital demuestra que no hay posibilidad de distribución justa de las riquezas que produce la sociedad bajo el modo irracional de producción capitalista. Porque ni la naturaleza aguanta el saqueo de sus recursos ni las sociedades la explotación social de dicho modo de producción y consumo.

Son doscientos años de práctica capitalista los que se alzan como el criterio de la verdad marxiana sobre el imposible de separar la esfera de la distribución de la esfera de las relaciones sociales de producción, si de justicia distributiva, racionalidad productiva y democracia política se trata.

Son más de mil años en que la evolución de las relaciones sociales de producción muestran que la concentración de la riqueza que los grupos sociales y las sociedades han sido capaces de producir constituye un atributo del sistema de distribución que dichas relaciones generan. No es casualidad, sino causalidad.

Y son cien años en que el desarrollo de la tecnología da un salto casi geométrico y la concentración de capital se pronuncia al mismo tiempo de forma exponencial. La dialéctica materialista nos dice que no hay posibilidad alguna de que esa correlación se haga inversamente proporcional bajo el modo de producción y acumulación capitalista.

Cambiar las relaciones de distribución implica cambiar las relaciones de producción.  Es ahí hacia dónde único puede apuntar toda idea auténtica de socialismo.

Es el capitalismo, no os asombréis de más nada. Es el modo de producción capitalista soportado en el valor de cambio del producto hecho mercancía el que impide que la sociedad  reproduzca la materialidad de su existencia según el valor de uso del producto. Es la economía monetaria contra la economía de los recursos. Y no puede haber distribución justa del producto atenida al valor de cambio,  puesto que este tiene lugar alienado del valor del trabajo. Es el valor de cambio el que fagocita la sociedad de consumo – esa sociedad resumida en símbolos de poder y esquilmación social como la marca Adidas que en el mejor de los marketing que pueda esperar el capital corporativo de las burguesías luce en su pecho el propio Fidel.

Es el consumismo inducido por el modo de producción capitalista el que ya convierte en insostenible la inevitable expresión exponencial del crecimiento físico.

La contradicción entre el capital y el trabajo no es dialéctica, no hay síntesis en una cualidad superior. Es antagónica y se hace insuperable bajo las relaciones sociales de producción capitalistas. La ley de la competencia por la maximización de la tasa de ganancia entre los propietarios del capital determina la guerra de exterminio contra el valor de la fuerza de trabajo. Esa patología económica paranoidal es consustancial al modo de produción y acumulación capitalista. La consecuencia de ello es la destrucción del medio y la pauperización social creciente de los pueblos.

La eliminación del antagonismo de la contradicción entre el capital y el trabajo es sólo posible en un sistema de relaciones de producción socialistas. Ese es el rayo de luz que alumbra al borde de su muerte el pensamiento de Lenin sobre el imposible de la revolución rusa, si es que desestimara la naturaleza alienadora del capital fuera de relaciones sociales de producción democráticas. Justo todo lo que sucedió.

El poder de la clase trabajadora y por extensión del pueblo no podía más que residir en la democratización del capital. Este concepto afincado en el cognocimiento materialista dialéctico  – insisto – rompe con la falacia del socialismo neocapitalista eurosoviético, importado por el PCC.

No existen medios fundamentales y no fundamentales de producción, como vienen a reciclar el dogma estalinista los “comunistas” cubanos en su VII Congreso. Los medios de producción son la expresión pretérita del valor del trabajo (hecho aquí capital físico). El trabajo vivo, no el pretérito, crea el capital. Por lo tanto son las relaciones sociales de producción las que definen la apropiación privada o la democratización del capital. No es la “socialización de los medios de producción”, que nunca puede darse bajo la relación de trabajo asalariado dado que esas relaciones no conllevan a la democratización del capital. No existe, en consecuencia, “propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción” tal como corrompe las ideas y los conceptos el actual Jefe del PCC en su alocución a los “comunistas” y al pueblo.

En un Congreso de “comunistas” se impone la ignorancia oportunista del pensamiento único y se convierte en beligerancia política contra todo intento de debate crítico que anide en el pensamiento revolucionario socialista. Una vez más cual rebaño de ovejas trasquiladas el pueblo ha de escuchar y obedecer. De esa mano maniatada nos viene la imposición del “socialismo” que define el PCC.

No hay embrujo en el socialismo de la mano de Marx – III

Los anti comunistas cubanos insisten en esconder ante el pueblo la esencia revolucionaria del pensamiento dialéctico marxiano y leninista. Son las relaciones sociales de producción el problema. Las relaciones socialistas de producción están zanjadas por la asociación libre de trabajadores en comunidades productivas no regidas por la relación capitalista del trabajo asalariado. Trabajadores cultos devenidos cada vez más en clase para sí, hasta que las propias clases desaparezcan dada la plena democratización del capital. Este es el apotegma del socialismo en tanto expresión auténtica de democracia. Es todo lo que nos fundamenta la filosofía polçitica sobre el socialismo en Marx y Lenin. La construcción de estas nuevas relaciones sociales de producción no es para Cuba un problema de evolución, sino de transformación política revolucionaria desde el empoderamiento de los trabajadores y del pueblo todo. Hablamos de revolución socialista democrática.

Y qué es lo que tenemos “al final de la jornada”. Un Congreso del Partido auto apoderado como única fuerza política con voz y voto que  se declara ciego y ciervo. Ciego ante el debate definitorio sobre el socialismo y ciervo ante la tecnocracia que lo domina. Este es el escenario político donde se define la “conceptualización del socialismo” que ha de regir Cuba. Y no hay rebelión en la granja orwelliana.

El VII Congreso y su militancia definen y asumen que los cubanos han de vivir bajo el trabajo asalariado del capital estatal y el privado como forma fundamental de las relaciones sociales de producción. La “empresa estatal socialista” dirigida bajo los criterios de gerencia capitalista sin protagonismo obrero decisorio y la empresa privada se convierten en los vehículos que empujarán la acumulación neocapitalista de la economía y el nuevo desarrollismo.

La distribución justa a la que apela Fidel Castro se asume como la distribución de la renta a la que convoca Raúl Castro, según el apotegma capitalista caracterizado por Marx: “de cada quien según su capacidad, y a cada cual según su trabajo”.  Es un principio capitalista, no es un principio socialista y así de claro hay que discutirlo con el pueblo, con la clase trabajadora cubana. La relación asalariada permite que eI gerente capitalista me exija toda mi capacidad intelectual y física productiva a cambio de apropiarse de casi todo el valor de mi trabajo, ese valor y esa apropiaciçon que ahora la burocracia partidista decidirá como ente de Gobierno y gerente del capital. El valor del trabajo queda subsumido por el capital estatal y el privado. Es el maridaje capitalista que une a la empresa estatal burocrática y a la empresa privada a la que le dan luz verde los Lineamientos Económicos socioliberales del PCC.  Así lo analizamos meridianemnte desde un comienzo. Pero bajo la total censura del debate democrático el PCC ha convertido la isla en un país de ciegos para que como tuertos sean ellos los clarividentes.

La manipulación política del dogma capitalista sobre la distribución de la renta lleva al Jefe del PCC a decirle al pueblo que no se podrá asumir el “igualitarismo” como criterio de la justicia. El ataque reaccionario a la idea de la igualdad es claro. El maltrato a los ideales de igualdad que el pueblo ha podido albegar gracias a la propia revolución social cubana es impactante. No hay debate que arroje luz entre los conceptos de igualitarismo y egalitarismo de la sociedad. Y son precisamente las sociedades egalitarias capitalistas – como las sociedades escandinavas, a pesar de ser sociedades hereditarias – las que, gracias a la idea de la igualdad que han luchado sus pueblos, vienen a demostrar la sostenibilidad del desenvolvimiento industrial, el crecimiento económico y el desarrollo social avanzado. Los límites de tales modelos están en las contradicciones insalvables de la reproducción del capital sujeto al dominio de la propiedad privada. Pero el PCC ha puesto sus ojos en el milagro neoliberal chino, donde el Partido único llamado comunista se afianza en el poder y desata un modelo desarrollista de crecimiento predatorio bajo un descarnado capitalismo decimonónico.

No hay embrujo en el socialismo de la mano de Marx. Ese principio sobre el trabajo y la distribución no es el tránsito socialista imprescindible hacia comunismo alguno. Eso es una mentira de los “comunistas” cubanos con todas sus letras, sembrados como continúan en el oportunismo del pensamiento contrarrevolucionario stalinista.

Marx enmarca la lucha por el estado en pos de la transformación del modo de producción capitalista como un proceso por la toma del poder y la transformación de la naturaleza burguesa del estado capitalista. Pero estamos ante un estado, el cubano, que a nombre del pueblo detenta por más de cincuenta años el poder sobre el capital y el dominio político de la sociedad. La fuerza política que ha tomado el poder nacionaliza toda la propiedad privada sobre el capital y despoja a la burguesía como clase apoderada, para asumir una dimensión neoburguesa del estado. La proyección del socialismo no podía darse desde la contingencia histórica. Había que superarla. Pero al frente de la revolución se encontraba la representación pequeño burguesa de la sociedad clasista cubana. La declaración del carácter socialista de la revolución efectuada bajo las emociones políticas que produce la agresión militar directa del imperialismo yanqui expresa la contaminación burguesa socialdemócrata del socialismo. Mucha agua en el debate internacional revolucionario ha corrido y mucha la experiencia práctica y el revisionismo anti marxiano para no advertir la manipulación política con la declaración del socialismo en Cuba. Se declaraba que socialismo sería la distribución con justicia social de los panes y los peces. Se saldaría la deuda social heredada apelando a la participación del pueblo en la organización de la nueva modelación social. Pero la esfera de las relaciones sociales del modo de producción no se tocaría. El neocapitalismo de estado bajo el mando político de un partido único sería el distintivo de la contrarevolución que la nueva fuerza política impondría por más de 50 años, tal como hasta hoy somos testigos.

Ni materialismo histórico ni dialéctica materialista. La economía política marxiana con que se supera todo el pensamiento de la economía política burguesa y se desnuda el ser del capitalismo son harina de otro costal para el fidelismo revolucionario. Lo que importa es  la relación de poder del estado sobre la sociedad y no  la transformación socialista del estado en pos de la democratización del poder. La agresión militar, económica y política de los EEUU alimentaría la concepción neocapitalista del estado. El socialismo eurosoviético venía como anillo al dedo, no sólo por las relaciones económicas beneficiosas, sino por la contaminación política del sistema de poder partido-estado.

El PCC ha decidido que las relaciones sociales capitalistas de producción sean las que consoliden el dominio absoluto del estado sobre la acumulación y el movimiento de la sociedad. La idea sobre el nuevo paradigma de acumulación que proporcionaría un auténtico modo de relaciones sociales producción socialistas brilla hasta hoy por su ausencia.

¿A qué vendría a esta altura un Congreso del PCC que redefiniera el derrotero del socialismo? ¿Relaciones socialistas de producción? ¿Propiedad social dominante sobre el capital que eliminen el antagonismo entre capital y trabajo? ¿Propiedad privada reducida al ámbito de la reproducción simple de capital? ¿Acumulación socialista de capital? ¿Desarrollo de las fuerzas productivas bajo un sistema de economía social autónomo? ¿Planificación socioeconómica democrática estratégica? ¿Un modo de producción y distribución estructural y funcionalmente sustentable: equilibrio macroeconómico, racionalidad productiva, bajo impacto de la huella ecológica y alto desarrollo humano?[i] ¿Parlamentarismo pluripartidista mediado por la preeminencia de un sistema político de democracia directa? ¿Estado comunitario? Un momento, ¿quién había dicho que el pueblo debatiría sobre el socialismo? ¿Para qué tanto Congreso, acaso renunciamos a la transición capitalista?

 (cont. parte IV)

[i] En preparación un trabajo especial de este autor sobre este planteamiento.

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