I. Fidel y el VII Congreso del PCC

II. Es el capitalismo, no os asombréis de más nada

III. No hay embrujo en el socialismo de la mano de Marx

IV. El socialismo en manos del capital

V. Constituyente por el Socialismo

VI. El camino heroico de la Revolución Socialista

 

Fidel y el VII Congreso del PCC – I

 El VII Congreso del PCC entierra la dialéctica materialista entre el “patria o muerte” soberanista y el “socialismo o barbarie” emancipatorio. Soberanía nacional y emancipación social dejaron de ser las dos caras de la alternatiwa revolucionaria para reconvertirse en el ideario reaccionario del revisionismo antisocialista.

Fidel, el revolucionario, no denuncia ante el Congreso de los “comunistas”  el capitalismo ni define el socialismo como su antítesis. Ese era el posicionamiento que viniendo de parte del Líder de la Revolución Cubana sentaría una pauta política legítima para el debate de fondo por la revolución socialista. Pero Fidel al parecer sigue sin saber “cómo se hace el socialismo”.  

No basta la pedagogía del pensamiento ecologista sobre los límites naturales del planeta. Fidel opta por no denunciar ante los mil militantes del PCC y el pueblo que lo que no sobrevirán ni Cuba ni el planeta ni la especie humana es el capitalismo. Que la humanidad para sobrevivir y desarrollarse sustentablemente está llamada a deshacerse con la urgencia de los pacientes graves del modo de producción y de reproducción capitalista de la materialidad de la vida. Y que eso vale tanto para los países del llamado primer mundo como para los del llamado tercer mundo.

No escuchó el pueblo de Cuba de boca del Líder decir que Cuba será socialista o no será para el bien de todos los cubanos ni para el bien del mundo. No lo escuchó en un Congreso que anunció definir “la conceptualización del socialismo cubano”. No lo escuchó definir que Cuba será una neocolonia más para los dueños del capital, si es que la revolución socialista es sacrificada.

El Pueblo no escuchó al Líder definir que la revolución socialista significa la ruptura democrática con el modelo neocapitalista de produción, basado en las relaciones sociales del trabajo asalariado bajo el monopolio del capital en manos del estado, ese que el PCC ha venido imponiendo a Cuba durante 55 años. Que la revolución socialista significa la ruptura con la idea de que el socialismo burocrático de estado puede convertirse en capitalismo de estado y seguirse llamando socialismo. El pueblo no lo escuchó pronunciarse críticamente contra el reformismo socioliberal que adelanta el PCC haciéndole creer al pueblo que ese es el camino sociailista.

La convicción socialista, más aún la comunista a la que hace alusión el Líder como propia, no pasa de ser una expresión de un romanticismo revolucionario trasnochado que viene a impugnar el pensamiento marxiano y leninista. ¿Cómo es que todo un Congreso de supuestos comunistas cae en el revisionismo espurio del pensamiento anti comunista?

La idea del socioliberalismo capitalista rompe la fuente de su embarazo con el alegato en La Universidad de la Habana (2005). Fidel afirma que el mayor error cometido por él y el PCC era haber pensado que sabían cómo hacer el socialismo. Su respuesta a tal error es comprometedora: la única solución que le veo al mundo es repartir con justicia las riquezas que la tecnología ya es capaz de producir.

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Repartir divinamente los panes y los peces sin que nos importe la explotación del ser humano por el ser humano para multiplicarlos. Esa es la convicción a la que llega Fidel después de asumir la inviabilidad del modelo anti socialista de subdesarrollo que desde el poder absoluto del PCC se le ha impuesto al pueblo cubano durante 50 años de ejercicio político. Para el Líder maxista no cuenta el que Marx demuestre y el materialismo histórico lo corrobore que el desarrollo tecnológico no determina más que la forma de intensificar la concentración excluyente del capital bajo la lógica de su reprodución por el modo de producción y propiedad capitalista.

Esa es la misma evolución socioliberal del pensamiento socialdemócrata europeo, exactamente el del partido obrero alemán planteada hace 140 años. La batalla por la revolución socialista estaba perdida justo por la claudicación oportunista del pensamiento socialista y su inducción revisionista en  la clase obrera. El fantasma de la derrota jalado desde la traición de los “revolucionarios románticos” a la clase obrera recorre desde entonces no sólo Europa. Socialdemocracia y eurocomunismo se funden en una sola moneda de cambio pro capitalista.

Es C. Marx en un ejercicio del pensamiento crítico sin igual en la historia de las ideas políticas quien con su Crítica al Programa de Gotha pone una vez más la objetividad del materialismo dialéctico a una altura revolucionaria jamás alcanzada ni superada hasta hoy en la lucha de los pueblos por su emancipación del capitalismo.

La Revolución de Octubre de 1917, bajo el genio político de Lenin afincado en el materialismo histórico y el pensamiento materialista dialéctico marxiano,  se eleva desde el criterio de la verdad, la práctica revolucionaria, por encima del oportunismo socialdemócrata y toma el cielo por asalto en aquella Rusia feudal y atrasada económicamente. La burguesía socialdemócrata de Europa no puede seguir la Revolución Rusa. La revolución rusa les cruza los cables del intelecto político. No importa ya que voces como la de R. Luxemburgo  entablen una fuerte lucha por proyectar  la clase obrera, a las masas trabajadoras  hacia la organización y la toma del poder en el espíritu leninista de la Revolución Rusa. No es casualidad que sea ella a quien cual símbolo del ideario socialista asesina la burguesía fascistoide y que haya sido Rusia revolucionaria la asfixiada por todas las fuerzas de los estados capitalistas occidentales en medio de la guerra civil que desencadena la revolución contra el estado zarista.

En el gran debate revolucionario desde entonces la conceptualización de la democracia como atributo de la revolución y el socialismo toma fuerza en la batalla de convicciones políticas anti capitalistas.

¿De qué democracia hablamos?

Se trata de la democracia de las relaciones sociales de producción como expresión materialista de las relaciones políticas del estado.

Las relaciones sociales de producción socialistas habrían de cortarle las venas al modo de producción capitalista. Y con ello a la democracia burguesa apoderada del capital y el estado en el ejercicio del sometimiento de las clases trabajadoras y sus pueblos.

La batalla por el socialismo se pierde justo cuando ya se ha sacrificado el contenido revolucionario de la democracia en tanto idea-fuerza de la participación protagónica de los trabajadores en la producción y la distribución del producto.

El capitalismo renace en la Rusia soviética precisamente por la instauración del neocapitalismo de estado con que la burocracia del Partido Comunista ruso, PCUS,  de la mano totalitaria y asesina de Stalin apenas morir Lenin, rompe con el pensamiento marxiano y el legado político leninista. El modo de producción capitalista persistirá como base de las relaciones socioeconómicas. La industrialización del país y su símbolo político, la electrificación, no hacen conciencia en los trabajadores como en clase para sí. Trabajan alienados como mano de obra asalariada. En tales condiciones el concepto de “estatización de los medios de produción” no pasaría de ser el aborto de la participación democrática.

La revolución social rusa y la industrialización del país se cobraban al precio del empoderamiento de la burocracia “comunista” y el sometimiento de la sociedad al dominio anti democrático del PCUS, las relaciones sociales de producción capitalistas y la dominación política de un estado que no podía ser más que totalitario. Bastaron apenas 70 años para que la URSS, esa Unión Soviética en la que confió ciegamente Fidel Castro,  pasara al capitalismo revuelto y brutal. Millones de obreros, una masa de pueblos alienados por el neocapitalismo de estado con nombre de socialismo, ni chistó ante el empuje de la burocracia “comunista” en su oportunismo por la definitiva reinstalación del capitalismo. Glasnot i Perestroika llegaron tarde y fueron aprovechas por la burocracia del PCUS para la contrarrevolución capitalista.

Ese es el cuadro de descomposición ideo-política general de todo el llamado socialismo eurosoviético.

El capítulo polaco de la contrarrevolución capitalista es más que elocuente.

A la cabeza de la sedición capitalista se proyectó la clase trabajadora polaca jalada por las cúpulas sindicales y las elites político-intelectuales pequeño burguesas. La oposición alentada en la sociedad contra una supuesta República Popular (PRL por sus siglas en polaco) devino en el motor de la transformación capitalista y no en el impulso de la revolución socialista. El Partido Obrero de los auto llamados comunistas deslegitimado ante el pueblo declinó toda lucha y sus elites se metaformocearon en “socialdemocracia” como fuerza política oportunista parlamentaria y potencial opción de gobierno en el capitalismo arrollador.

En apenas 10 años el “estado popular” polaco fue desmantelado y el patrimonio industrial y financiero creado por los trabajadores como alienados “dueños de los medios fundamentales de producción” fue rematado a precio de ganga al capital foráneo. La neocolonización económica de Polonia y la brutal conversión de sus clases trabajadoras en mano de obra esclava por dicho capital constituye todo un emblema de la agresividad capitalista y su fuerza demoledora sobre los pueblos y sociedades que permanecieron justo por 50 años, como Cuba hoy, en el régimen del neocapitalismo socialista.

Ahora la izquierda timorata polaca vencida por las derechas que supieron aprovechar la lucha contra la República Popular, se arrastra  atrapada entre el miedo a que la tilden de “radicalismo socialista”, tal como se les acusa profilácticamente con todo y desde todos los medios, y la tentación del socialdemocratismo derechista con que se pueden instituir como la cara amable del capitalismo. Los interminables happenings y abucheos callejeros de ocasión se convierten en el instrumento de simulada lucha contra el establishment burgués al que sin dudas pertenecen y aspiran a perpetuar. El capital y el estado han de seguir siendo propiedad intocable de la clase burguesa que concentra y acumula con apisonadora dinámica. Hasta esas fronteras llega la lucha de las corrientes políticas de izquierda. Mientras tanto las clases trabajadoras se consumen entre esporádicas huelgas y la profunda despolitización de su existencia como masa asalariada al servicio de la reproducción del capital por depredación del trabajo. Un regreso espectacular de la mano del neoliberalismo a la acumulación originaria del capital neocolonial en una sociedad situada en la Europa desarrollada. La burguesía euroatlántica que domina la UE celebra el estatus de neocolonia de Polonia embutida ya como satélite en la periferia sureña de ese mundo imperialista arrastrado por la OTAN. Ver para creer.

¿Porqué volver atrás?

Como si la historia nada nos enseñara, ciento cuarenta años después que Marx alumbrara a la clase trabajadora, al movimiento revolucionario obrero sobre el golpe que significaba el Programa de Ghota contra el ideario socialista, Fidel le habla a los estudiantes universitarios y al pueblo de Cuba en los mismos términos de la socialdemocracia claudicante lassalleana.

Es la distribución de las riquezas y no la transformación de las relaciones sociales del modo de producción capitalista lo que nos salva – dice sin mediar debate alguno Fidel Castro. “Después que sabemos cómo son las cosas, porqué volver atrás” – le responde impertubable Marx a Fidel. Eso es socialismo vulgar – remata el escudriñador del capitalismo y filósofo del socialismo científico. Eso es una suerte de neocapitalismo socialista de estado con que se sacrifica el socialismo. Sobre esos rieles sólo se llega al capitalismo en su forma originaria. La claudicación es de importancia crucial y repercusión totalitaria, por cuanto el PCC detenta el poder absoluto del estado y todos los resortes del capital.

Es desde esa posición de dominio anti democrático que la fuerza política supuestamente revolucionaria en el poder del estado cubano define el rumbo de las reformas en curso y las que vendrán. Reformismo económico socioliberal y transformación  política hacia el capitalismo de estado. No chistan los delegados en un Congreso supuestamente comunista. Se pliegan en las mismas alabanzas acríticas de siempre, ahora ante el derrotero que impone de manera incontestable el actual Jefe del PCC en su informe a ese pleno. Si se tratara de una de las fuerzas políticas en un sistema pluripartidista no sería un problema absoluto, pero se trata de un partido único con el poder absoluto del estado y la economía del país.

Los cubanos de “a pie” llevamos más de veinticinco años intentando abrir el debate por el socialismo desde el compromiso revolucionario del pensamiento crítico sin que el PCC oiga voces más que la del pensamiento único que enarbola. De forma impune traspiés tras traspiés el PCC se deslegitima en el ejercicio del Gobierno. Ese pensamiento fracasa junto al fracaso definitivo del modelo socioeconómico que, según Fidel, ya no le sirve ni a los cubanos[i]. Aquella declaración sin cuestionarse el modelo político que producía el fracaso hablaba de la incapacidad del Líder y su partido, el PCC, para pensar el problema en términos de la dialéctica del fracaso del sistema de poder.

En su momento hube de someter a una crítica fundamentada y sostenida el posicionamiento contrarrevolucionario que sin derecho a debate democrático de ideas el Líder le imponía a la sociedad cubana con aquel discurso revisionista desde su privilegiada tribuna en la Universidad de la Habana (2005). Pero ni la intelectualidad orgánica ni la supuestamente independiente ni en el pueblo se tomó ni se ha tomado hasta hoy ese debate por el socialismo. Silenciar e ignorar el pensamiento crítico revolucionario ha sido y sigue siendo el instrumento con que el PCC, el Gobierno y el Estado – todo en uno – ha venido cultivando la contrarrevolución anti socialista que ha declarado oficialmente en el VII Congreso del PCC.

(cont. segunda parte del ensayo: “Es el capitalismo, no os asombréis de más nada”)

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[i] Declaración al periodista Jeffrey Goldberg, American Atlantic, sept. 2010.

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