España hundida en un pantano de lodo y arenas movedizas por más de cinco años vota definitivamente a sus verdugos. Pero lo tienen claro. La izquierda no tiene mejor programa que la derecha. No es una auténtica opción de vida para mejor, sustentable y digna.

Podemos ha venido a demostrar que su hermafroditismo ideo-político “ni-ni” , no somos ni de izquierdas ni de derechas, termina en lo que todos los que sentimos y pensamos en que la izquierda es opción de vida sabíamos y sabemos, en la bancarrota. Y nadie más se lo ha creído ni en la derecha ni en la izquierda. O somos o no somos. Y si somos, no se puede jugar a los tronos ni hacer de las puertas giratorias el sentido del programa político que ha de cambiar el paradigma de la participación y la creación social.

Podemos, ganando un espacio en el Parlamento burgués pierde ante un pueblo que en su mayoría esperaba que fuera algo más que una Siriza. Un pueblo que bajo el fuego cerrado de la derecha con los fantasmas del “comunismo venezolano” o del cubano esperaba la valentía de quienes debían decir alto y demostrarlo bien claro que el socialismo es opción de vida. Y he aquí que ante las definiciones de clase el Líder de Podemos se desdobla en la mojigatería populista del “soy socialdemócrata”. Como si no lo fueran el PSOE y hasta el PP; los mismos que jugando en la derecha saben que la única posibilidad de la izquierda es ser ella misma, pero que el miedo les paraliza las patas.

Declararse socialdemocráta en estos tiempos de máxima arremetida de los dueños del capital contra los trabajadores y la sociedad no ha sido más que declararse partidario del capital. Intentaremos repartir algo mejor los panes y los peces del que se adueñan los propietarios privados, les pediremos compasión y juraremos fidelidad al modo capitalista de reproducción de la materialidad y la espiritualidad de la vida. Que Marx se vaya al diablo con su crítica al Programa de Gotha. Que aquí en el Reino de los Borbones los súbditos lo que quieren es un poco más de pasta.

Más de cien economistas llamados progresistas firman el Programa Económico de Podemos y la mayoría votante se les rie en la cara. ¿Qué ofrecen en el mercado los llamados progresistas que en definitiva no puedan ofrecer los conservadores de pura sangre?. Y la cúpula de politólogos ve como ni Unidos Pueden ganarle la partida ni al PP ni al PSOE por separado. Dónde se pudo abrir el debate por una Renta Básica Universal taponearon con el ofrecimiento de algunos subsidios más a una masa sin perspectiva de trabajo bien remunerado porque el robo descarado de la plusvalía es un hecho sagrado; donde se debió abrir el debate por la auditoría de la deuda externa y la pública para sentar las pautas de su legitimidad, se taponeó con la promesa de pagarle a los bancos y al BCE en plazos un poquito menos crueles; donde se pudo abrir el debate por un programa de viviendas para todos como el venezolano taponearon limitándose a abogar por el cese de los desahucios; donde se pudo abrir la perspectiva de un cambio a favor de la economía social taponearon con la economía del capital; donde se pudo abrir el debate sobre la banca pública, la cooperativa y el nuevo rol para el banco central taponearon con el pláceme a la arquitectura financiera de la Unión monetaria; donde se pudo abrir el debate por una nueva constituyente republicana taponearon haciendo la corte a la enmohecida España monárquica con guiños politiqueros a la independencia que vascos y catalanes se han ganado por ellos mismos; donde se pudo abrir el debate por un nuevo referendo sobre la permanencia en la OTAN taponearon con la historia reaccionaria de la equidistancia a los “dos imperialismos”; cuando se les conminó a que definieran la visión del porvenir, respondieron taimadamente que la política es el arte de lo posible. Nada de qué realmente discutir que pusiera en claro el horizonte del cambio. ¿Porqué entonces votarles más allá de lo que a buen resguardo del capital no ofrecían?

Izquierda Unida sale mal herida poniendo sus votantes como parche en el agujero por el que los supuestos centristas a los que apelaba Podemos han huido. De no haber sido por los votos de lealtad de sus fieles el desastre de Podemos hubiese sido estrepitoso. Un montón de ciudadanos de a pie y de la llamada “clase media” empobrecida ha renunciado a su derecho al voto porque Unidos Podemos no ha dicho en claro de qué van, más allá de los eslóganes sobre una España mejor en que se ha diluido la oferta teñida de rojo y morado.

Y cuando todo pudo haber cambiado de color, el moratón por el golpe terminará otra vez en el penoso juego de tronos al que asistió la sociedad hace apenas semanas atrás. Y los líderes del proyecto de cambio calman a sus huestes y vuelven a hablar de una coalición progresista con los derechistas que siempre han sido en el PSOE. Sí, es el colmo del desenchuche político. Esa coalición alienada izquierdista será de derecha. Y no lo harán mejor que la derecha auténtica.

La derrota de Unidos Podemos abre un nuevo ciclo sociopolítico en España. El bipartiismo ha quedado mediado por una fuerza de decepcionados y esperanzados que ven cómo la asexualidad ideológica es el camino de la ceguera. La multitud que se atrevió a pasar de las manifestaciones desesperadas al asambleísmo popular, pura democracia socialista, ve que el juego de los partidos como el de los tronos es más de lo mismo. La democracia burguesa es una moneda de cambio. Y miran con ansiedad lo que se le viene encima. Porque la guerra del capital contra el trabajo y la sociedad ha solo comenzado en una Unión Europea que de unida nada tiene. Ante el grito histriónico de independencia de los súbditos británicos, más explotados por el capital angloamericano hoy que ayer, los jefes del cartel del acero y el carbón asustados se reúnen con urgencia en Berlín como otrora la Cosa Nostra en la Habana para decidir el destino del contrabando y el poder financiero en la UE hecha a imagen y semejanza de las antiguas metrópolis. La periferia neocolonial desde Portugal y España hasta Polonia y Grecia se sume en la impotencia del destino manifiesto. Todo es incierto menos la lógica de reproducción del capital en manos privadas que no cree en lágrimas. Es una fuerza autodestructiva. Sobre ello nadie le habla al pueblo. Que la opción siga siendo un modo de relaciones sociales de producción no capitalistas despierta cada vez menos dudas.

Mientras la izquierda le siga teniendo miedo a la democracia socialista el capital seguirá en manos de las derechas excluyentes con el voto de las mayorías explotadas.

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